Carta al padre en medio de la cuarentena

Andrés 'Pote' Ríos le escribe esta carta a su padre, Juan Guillermo Ríos, en medio del aislamiento.

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Es mi padre, es abuelo, es tío. Estas letras pueden ser para tu padre, tu abuelo o tu tío. No importa, es una cuestión de vida ante lo que estamos viviendo…

Nadie nos preparó para esto. Ni a ti, ni a mí; no, no hay universidad, no hay curso o carrera que dicte norte para esto. Hay lo que la vida nos dio en el marco de la educación que tú me diste o la que tú recibiste, o, mejor, la que los mismos embates de la vida te dieron. Ahí se pudo forjar mucho del temple que hemos necesitado para sobrellevar la prueba más grande, fuerte y enigmática que nos ha puesto este destino.

Ahí estás tú. Ya en los 70 años, sobreviviente de un cáncer que en los últimos 21 años te ha llevado por más de 60 cirugías, múltiples procedimientos, paros respiratorios y cardiacos, la pérdida de órganos como el bazo, un riñón, adicionando la lucha contra un par de bacterias pulmonares que no te vencieron en la UCI del Hospital San Ignacio, donde te salvaron la vida.

Recuerdo que luego de cinco meses de estar en cuidados intensivos saliste en medio de una calle de honor de enfermeras y médicos que te aplaudían (como esas calles de honor que vemos hoy para los que le ganan al COVID-19) porque habías pasado lo peor. Eras un milagro. Recuerdo que el médico dijo que llevando una vida sosegada y bajo cuidados podías vivir unos cinco u ocho años más. De eso han pasado ya 21 y sobreviviste haciendo lo que mejor haces y te gusta: trabajando, trabajando en tu profesión de periodista puro y de raíz, y siendo el hombre berraco que salió de un barrio popular de Medellín en medio del hambre y ha sido uno de los mejores periodistas de la historia de la nación.

Ibas al gimnasio, hiciste radio, televisión, fuiste y eres docente, cumpliste con tus asesorías de opinión pública y manejo de crisis, te volviste a casar, te separaste, recompusiste la relación con tus hijos, nos llenaste de amor, nos apoyaste, te diste gustos, viajaste por el mundo, viste a los Rolling Stones en vivo al lado de tus hijos. Eras un milagro… no, ¡eres un milagro de vida!

Has soportado lo inimaginable que un humano puede soportar. A todo le has ganado. Ahora llega esto, el virus, y la vida te pone en una situación de encierro. Estás en un alto riesgo y ahí te ha tocado, tú en Bogotá y yo en Medellín, tan lejos pero tan cerca desde el corazón.

Mi hermano, ese ángel guardián que te acompaña, merece todos los homenajes. Con amor de hijo está a tu lado y vela por ti. Tienes comodidades, lo sé, nada te falta, pero te conozco, sé que esa alma indomable no cesa y quiere salir, quiere estar activa, quiere ir a dictar sus clases, quiere estar activa, lo sé, y sé que ya es un mes encerrado, lo sé, sé que te asomas al balcón del piso 21 de tu apartamento y quieres vivir con más intensidad. Y sí, lo sé, lo mereces.

Pero por ahora todo nos cambió, la cuarentena se irá, ojalá que todo pase con menos muertos, ojalá las heridas cierren rápido, pero el virus, sin que exista cura o vacuna, seguirá ahí y tú seguirás en un alto riesgo. Sé que lo sabes, lo sé, padre, pero por favor, sé más fuerte aún, sé más disciplinado aún, sé más resiliente aún, sé más tú aún. A la distancia, con amor, sé que tu vida tiene más para dar en cantidades como las que te gustan: con intensidad y fuerza.

Dale, acá sigo disfrutando de tu ejemplo.

Te amo.

Andrés.

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