Lamentos de un publicista frustrado

Por Andrés Ospina

Por estos tiempos, cuando a causa del innombrable virus ignoro si seguiré vivo para cumplir un año más en este planeta y el apocalipsis luce más como inminencia que como fantasía, me pregunto, ya tarde, si acaso equivoqué mis rumbos profesionales. Quizá me habría convenido ostentar un título de comunicador y no ese espurio diploma que dice ‘literato’ y que según mi experiencia ha servido únicamente para suscribir contratos esporádicos con el sector público y para enorgullecer a mi señora madre. Tal vez me habría sido más provechoso ser el mismo escritor de alma que soy —de eso nunca me arrepentiré—, pero titularme como periodista. Así trabajaría de planta en la “mesa de trabajo” de algún magazín matutino y gozaría de quincena, prima y vacaciones.

O probablemente debí haberme consagrado a la publicidad y el marketing, igual que como lo hicieron varios nadaístas. Lo pienso con extrema frecuencia. En particular cuando calculo las millonadas que debió empacarse el creativo que sugirió los nada inventivos slogans tipo “RCN… la radio” o “La FM… ¡muy, muy FM!”. Sin incurrir en vanidades, siento que yo habría podido hacerlo mejor. Hay unos nombres de productos que indignan: llamar a una medicina contra el mareo Mareol equivale a bautizar a un anticonceptivo Preñol. ¿O qué tal ese postre con nombre de medicamento?: profiterol. Dan ganas de ir a la droguería y pedir un Profiterol de 500 gramos para la jaqueca.

¿Ejemplos de mi nunca confeso talento? Si hubiera tenido edad suficiente para asesorar al difunto Bernardo Jaramillo Ossa en sus aspiraciones presidenciales le habría sugerido un lema tipo: "Nadie 'osa' lo que Bernardo Jaramillo 'Ossa' ". Si me contrataran de una funeraria les propondría un contundente: “Usted muérase. Nosotros nos ocupamos del resto”. De manera similar, y de la nada, suelo inspirarme con nombres de marcas. Uno para motel: Buen Amar. Los comerciales y cuñas dirían: "Buen viento y Buen Amar". Otro para sex-shop: Copulart.

¿O qué opinan de este copy para fondos de pensiones y cesantías?: "Nuestro plan de retiro seguro le asegurará una decadencia muy digna". O este para compraventas, prenderías, entidades financieras o agencias de préstamos, usuras o créditos: "¡Porque su necesidad es nuestro negocio!". Consecuente con lo anterior, suelo fantasear con identidades para empresas proveedoras de bienes y servicios. Una para consultorio odontológico o para dentífrico: 'Near-DENTAL'. O una de panadería… ‘PANteísmo’: para aquellos que adoran el pan. O ‘PANacea’: la solución a todos tus antojos.

También acostumbro concebir otros tantos para modelos de negocios experimentales… un spa psicoanalítico, chocoloco, exclusivo y cool llamado ‘Juan… Carne de diván’. O un canal televisivo de modas, glamour y sofisticación denominado The Coco Channel. En lo concerniente a bienestar, medicina, analgesia y planificación me divierto entretejiendo coaliciones hipotéticas: ¿Qué decir, digamos, de una alianza estratégica entre Calmidol y Today?: Calmidol… “para que la llegada no te dañe la salida”. Today… “para que la salida no te dañe la llegada”. O una tienda de pelucas llamada ‘Hair Supply’. Incluso diseño en mi imaginación campañas de salud pública como la subsiguiente, para la Asociación Colombiana de Nefrología: "Dejar la sal es de buena suerte". Cosas que el ocio y la mediana edad inspiran. Pero, como decía Barba Jacob, “la vida se está acabando y no es hora de aprender”. ¿O acaso alguien se atrevería a contratarme? Hasta el otro martes.

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