La paja es una cárcel

Por Adolfo Zableh

Parece que la gente está loca por tener sexo. Eso es lo que hacen los encierros forzosos, te hacen desear con intensidad lo que antes dabas por sentado, especialmente lo que más te causaba placer. Según se puede leer en redes sociales por estos días, en tiempos de distanciamiento social extrañamos el sexo más que nunca y la mitad del mundo muere por comerse a la otra mitad.

Y no deja de ser curioso que haya tantos con la libido por el cielo en medio de la pandemia. Es que no es solo la enfermedad y la salud pública, es la economía, la gente que sufre, la vida en pausa. ¿Quién podría pensar en sexo en medio de esto? Pues el mundo entero, aparentemente, y mientras el resto muere de arrechera, mis ganas van y vienen, aunque son más las horas bajas que las altas. Pensé que estar encerrado en el apartamento durante semanas iba a hacer que me matara a porno y pajas, pero no ha pasado tal cosa, y aunque por un lado es triste, a la larga es toda una fortuna. No me imagino obsesionado, sufriendo por hacer de manera compulsiva algo que en teoría debería ser placentero.

La arrechera no es real, no siempre. Muchas veces la ansiedad y el aburrimiento nos llevan a hacer cosas que no queremos, como comer sin hambre o tener sexo sin sentir deseo. Pasa que la gente que se masturba una o varias veces al día de manera incontrolable no está necesariamente excitada, más bien está perdida; no sabe qué hacer y apela a lo más fácil, que es estirar la mano. En casos así, donde el acto se vuelve casi incontrolable, la paja no es un rito de autosatisfacción sino una cárcel.

En este mundo plagado de solitarios hay muchos que envidian pasar el aislamiento con alguien, el problema es que solo ven la parte positiva de la película. Imaginan pasar la cuarentena acompañados y piensan en el sexo y la arruchada, en ver películas juntos, comer pizza en la cama y tener charlas informales, pero obvian deberes como mantener la casa, respetar los turnos y los espacios. En general, se les olvida lo no tan romántico de convivir con alguien. ¿Han visto a aquellos que dicen anhelar una pareja para poder dormir abrazada a ella toda la noche? Por lo general se trata de personas que nunca han tenido pareja.

Pero si nos refiriéramos únicamente al sexo, sería no solo aburrido sino peligroso pasar estos días con cualquiera. Digo, no hay que estar enamorado para acostarse con alguien, pero sí tiene que haber algo, llámelo confianza, admiración, respeto, complicidad, lo que sea; algún factor que una después del orgasmo. Cuando las ganas embrutecen cualquiera sirve, pero una vez obtenemos lo que queremos y volvemos a abrir los ojos, verse en la cama junto a alguien que no nos inspira nada más que deseo es de las sensaciones más vacías que existen.

Igual la gente está desbocada, o eso parece, al punto de que Pornhub abrió su contenido premium y la página no da abasto; hacer colapsar los servidores de una de los sitios de porno más grandes del mundo, calcule usted el desespero en el que estamos. Aunque nuevamente, no creo que sea solo una cuestión de ganas, sino de que ahora podamos ver sin costo algo por lo que generalmente hay que pagar. Lo único que nos gusta más que el sexo son las cosas gratis.

El presidente Duque acaba de anunciar que el aislamiento por el coronavirus se extiende hasta el 27 de abril, lo que quiere decir que para muchos se vienen tres semanas más de pajas y ganas reprimidas, lo que hace multiplicar los anuncios de que cuando esto termine vamos a salir a la calle a acabar con todo, a organizar fiestas llenas de alcohol y sexo degenerado. Yo creo que no pasa de ser una amenaza, porque la cuarentena no es más que una mera excusa. Con o sin ella, igual vamos a seguir siendo mal polvo.

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