¿Oportunismo del sistema moda ante el COVID-19?

Por Nelson Rueda Argumedo

En estos tiempos de caos y paranoia colectiva, a dondequiera que miremos o vayamos alguien está usando un tapabocas. Estos implementos protectores confinados a espacios hospitalarios se volvieron las letras escarlatas de toda una humanidad que enfrenta cara a cara una pandemia global.

El sobre uso de tapabocas durante las más recientes semanas de la moda de Milán y París encendieron las alarmas (de una forma muy obvia y hasta tonta) de que estábamos ante algo más que una simple tendencia. Los tapabocas eran entregados al inicio de los desfiles, celebridades las empezaban a usar en sus rutinas, los influenciadores registraban en sus redes que estaban enfermos y los medios y las grandes casas de diseño cancelaban sus apariciones y eventos.

La pandemia se escaló. La semana pasada la industria de la moda se vio afectada a nivel global y muchas empresas cerraron tanto voluntaria como obligadamente por decisión de los gobiernos; desde Gucci hasta Zara, desde Arturo Calle hasta Only. El COVID-19 se diseminaba sin discriminación y el sistema de salud se ha quedado corto en abastecer a su población.

Varias marcas han visto esto como el fin del mundo y han decidido rematar sus prendas para sostenerse en las épocas donde la cuarentena hará estragos con su flujo de capital. Pero además del miedo y la incertidumbre sobre lo que se viene, la pregunta que se plantean los directores creativos de estas empresas de moda es ¿qué más podemos hacer?

Los líderes de la industria en el mundo como Donatella Versace, Chiara Ferragni, Giorgio Armani, Estee Lauder y Dolce Gabbana han hecho gmillonarias donaciones para apoyar centros que están buscando la cura de la enfermedad, nuevos recursos en unidades de cuidado intensivo y aparatos respiratorios para hospitales y organizaciones que tienen como objetivo apoyar a la población en tiempos de crisis.

Donar es loable, pero “meterle” el hombro al problema lo es aún más. El grupo LVMH fue uno de los primeros en reaccionar ante dicha situación dirigiendo el rumbo de sus fabricas de perfumes para producir geles desinfectantes hidroalcohólicos en grandes cantidades y gratis para la población francesa. A esta iniciativa se le unió el gigante L’Oreal y HM. A una escala mas local, Arturo Calle, Alamacenes éxito y Cine Colombia adoptarán diferentes medidas para las diferentes familias y trabajadores en Colombia.

Por su lado, el diseñador Cristian Siriano reasignó a 10 de sus costureras, quienes trabajan desde casa, para realizar tapabocas con el fin de apoyar al personal de hospitales. Una iniciativa similar empezó en Colombia la semana pasada de la mano de Tomas Vera, el creador de Verdi, quien ha destinado parte de su producción a hacer 3.000 máscaras para apoyar hospitales, fundaciones para enfermos con cáncer y talleres manufactureros que todavía no tienen el privilegio de quedarse en casa. Y si les parece que solo hay que ser un empresa grande para ayudar, les dejo el ejemoplo de mujeres en Villavicencio y Cartagena que están haciendo tapabocas gratis para las personas mas vulnerables.

Pero así como hay una industria que está en las trincheras de la guerra contra el virus, hay otras que están sacándole provecho. Observar, por lo menos a nivel local, cómo marcas como Lugó Lugó o J Balvin Merch –quien ya ofreció una disculpa pública– están vendiendo sus tapabocas con sus diseños a precios irrisorios durante esta crisis, es mercantilismo disfrazado de oportunismo.

Este tipo de empresas están dentro de la misma línea de aquellos que revenden tapabocas a 5 veces su valor bajo el concepto “es que la crisis nos está dando duro”. Es verdad, nadie puede entender la situación económica por la que cada empresa o persona está pasando, pero la resiliencia es mejor que el oportunismo ante una crisis que nos afecta a TODOS.

Las buenas iniciativas no conocen límites. No se trata de si son grandes o pequeñas empresas quienes producen y donan tapabocas o antibacteriales ¡Ni siquiera sabemos si estos tapabocas están aprobados por la FDA!.

Se necesitan medidas más rigurosas que estas para evitar el avance del coronavirus por lo que el tapabocas va mas allá de su función de detener las bacterias en el aire y se convierte en un mensaje mensaje de cooperación y empatía ante algo que nos está amenazando a toda la raza humana sin excepción. La intenciones buenas y altruistas debería responder la pregunta “¿qué más podemos hacer?” ante la limpieza que está haciendo el planeta tierra o COVID19, como lo quieran llamar.

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