La escasez en tiempos del ruido

"¿Por qué el afán de comprar? Por la egoísta razón de creer que los demás también quieren hacer lo mismo y, si me demoro, cuando vaya a los estantes no habrá nada para mí": Melquisedec Torres

Por Melquisedec Torres

A las 10 de la noche del 9 de marzo de 1687, domingo, los habitantes de la aún villa de Santafé de Bogotá y sus alrededores, despertaron en pánico tras un ruido fortísimo y misterioso acompañado de un intenso olor a azufre. El ruido se prolongó por unos 15 minutos y el azufrado olor por algunos días sobre toda la Sabana. "Unos y otros compañeros del temor chocaban entre sí en medio de la fuga sin poder socorrerse mutuamente, allí donde creían encontrar ayuda el temor era mayor, más fuerte, más vigoroso”, narró el sacerdote jesuita Pedro de Mercado sobre aquello en 1691.

El fin del mundo, el Apocalipsis, el final de los tiempos fue lo que creyeron todos. El pánico fue inmediato y nunca se pudo establecer el origen, que pudo ser la erupción de un volcán o la caída de un meteorito. La expresión “Tiempo del ruido” se convirtió en signo de recuerdo por centurias entre los santafereños.

Año 2020, marzo. Miles de personas se apiñan en los grandes supermercados para proveerse de cuanto pueden llevar sus carritos metálicos y cuanto alcancen a cubrir las tarjetas de crédito; sobresalen las compras masivas de enlatados y papel higiénico que, por su tamaño, suele destacarse sobre el resto de productos. Días antes ya se habían agotado los tapabocas o mascarillas y los jabones antibacteriales* que, oh sorpresa, no les será de mayor utilidad. ¿El origen del pánico? Un enorme ruido, sin olor, que empezó en la lejana China, se extendió con virulencia (nunca mejor dicho) a Europa y EEUU y se ha empezado a escuchar fuerte en Colombia, creando pánico y convirtiendo a miles de normales ciudadanos en compulsivos compradores, desesperados por llenar sus estantes de cuanto les pueda ser útil ante la llegada de ese extraño sonido, llamado por los científicos como la variedad 7 de las gripas coronavirus o el ininteligible Covid19.

¿Por qué el afán de comprar? Por la egoísta razón de creer que los demás también quieren hacer lo mismo y, si me demoro, cuando vaya a los estantes no habrá nada para mí, ya acaparado por los demás. Así que la carrera contra el tiempo se convierte en un círculo vicioso y trágico: compro mucho en una sola tanda para evitar que me afecte la escasez, la misma que estoy provocando al comprar esos volúmenes de manera inusitada. Y el egoísmo es mayor pues me importan un bledo aquellos que no tienen la capacidad de comprar “al por mayor”, como dicen en los pueblos, y sobreviven a diario “al por menor o al detal” adquiriendo en las tiendas apenas media libra de arroz, una pastilla de chocolate, un puñado de fríjol, un tomate y dos papas o un rollo semanal de papel higiénico. Mañana ni esas porciones habrá.

En estos tiempos del siglo XXI sabemos claramente de dónde viene el ruido, qué hace y cómo llega. Pero el pánico es el mismo del siglo XVII.

*Las bacterias son microorganismos que contienen una sola célula, y la mayoría de ellas no provocan daño; algunas incluso combaten infecciones o sirven para la digestión, preparación de alimentos, proveen vitaminas o destruyen células malignas. Los virus, en cambio, son gérmenes que atacan fácilmente el organismo cuando el sistema inmune está débil, aprovechan la oportunidad e invaden células sanas.

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