Todo por 100 pesos

Por Adolfo Zableh

Subió 100 pesos el pasaje de TransMilenio y las repercusiones son inimaginables. La frase que dice que el aleteo de una mariposa en un rincón del mundo puede causar una catástrofe en el otro extremo no es nada comparado con las consecuencias que esos 100 pesos pueden tener en una ciudad del tamaño y el caos de Bogotá.

Y hablo de la movilidad, porque aunque a $2400 o $2500, TransMilenio funciona igual, esa diferencia de precios hace que todo se afecte. Hay informes variados que dicen que un bogotano pierde en trancones 272 horas productivas al año, aunque lo de productivas se dice para dramatizar la estadística, porque nada más improductivo que un colombiano. Otros han calculado que quienes vivimos en esta ciudad pasamos en promedio 21 días al año en medio del trancón. Nuevamente, no íbamos a hacer ni mierda con nuestras vidas durante esas tres semanas, seguramente habríamos perdido el tiempo en Netflix y redes sociales, pero igual qué rabia.

Pero no se necesita ser experto ni hacer estudios para sufrir las calles de esta ciudad. En las peores horas se pueden perder dos horas en diez cuadras sin que uno sepa bien qué es lo que está pasando ni qué hicimos para convertir el placer de moverse en una tortura. A veces, cuando vamos en taxi y vemos el taxímetro andar mientras el carro está en medio de una congestión, nos estresa saber que estamos pagando por quedarnos quietos, pero más estrés tiene el conductor, que sabe que si esta ciudad se moviera, podría hacer muchas más carreras.

Es que siempre hay un obstáculo: un varado, un choque, una obra, un hueco del tamaño de una cancha de fútbol, lo que hace que en esta ciudad no haya horas pico y horas valle, sino horas congestionadas y horas insoportablemente congestionadas. Domingo 9:00 p.m. o miércoles 8:00 a.m., del trancón no te salvas. Son casi dos millones y medio de carros más medio millón de motos en esta ciudad que son a la vez víctimas y victimarios.

La estadística supera la realidad, o más bien la explica. Los encargados del tráfico en Bogotá han revelado a la prensa cifras que son de miedo: cada hora hay 40 incidentes viales en Bogotá, unos 600 diarios: mal parqueados, escapados del pico y placa, carros bloqueando las intersecciones, parqueándose donde no se debe, recogiendo y dejando pasajeros en lugares no permitidos. Y encima, 35.000 fallas en semáforos, la mayoría por cortes en el fluido eléctrico, además de 86.000 planes de manejo de tráfico al año aprobados por la Secretaría de Movilidad que incluyen obras públicas y privadas, eventos, filmaciones y hasta aglomeraciones y protestas. Quienes vamos a pie tampoco ayudamos y se calcula que casi 1000 personas pueden cruzar de forma indebida el cruce de la carrera séptima con calle 51 en cuestión de un par de horas. Imagine eso multiplicado por todos los cruces álgidos de la ciudad, se entiende por qué hemos hecho de esto un lugar invivible.

Hay quien dice que a Bogotá hay que vivirla como un pueblo así sea una gran ciudad: hacerlo todo a pie en un área no mayor a 20 cuadras a la redonda. Y tiene razón, pero dígale eso al que vive en Bosa y trabaja en Toberín, o al de Cedritos que tiene que ir al centro, o al conductor del bus de colegio que sale de Chía para enfrentarse a todos los barrios de la ciudad a mitad de la tarde.

Esta semana salió un artículo que dice que los colombianos no sabemos usar un condón y yo digo que no hay que ir tan lejos: no sabemos para qué sirven las direccionales del carro, ahora vamos a saber planificar; siempre es que nos piden mucho.

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