No va a pasar nada

Por Adolfo Zableh

Lo que impresiona de la corrupción es que es como enfrentarse a una gran roca, un bloque monolítico imposible de penetrar, porque no tiene fisuras; empiezas en el funcionario que atiende la ventanilla de algún trámite menor y la cadena se rompe en el segundo o tercer eslabón. Según las declaraciones de Aida Merlano, acá la corrupción llega hasta Iván Duque, algo imposible de demostrar.

Merlano prendió el ventilador y empezó a volear mierda, no se salvó nadie: Duque, Néstor Humberto Martínez, Germán Vargas Lleras, el clan Char, el clan Gerlein; todos pesos pesados de la política nacional, lo cual no es precisamente algo honroso. Hoy el establecimiento calla y le quita valor a su testimonio con la excusa de que es una delincuente. Pues obvio, ¿quién querían que hiciera revelaciones sobre políticos corruptos? ¿Un ciudadano común y corriente? Para denunciar la corrupción hay que estar metida en ella hasta el tuétano, la gente decente no se mete en política.

No hay que olvidar quién es Aida Merlano, de dónde viene y con quién se ha metido, así que hay que mirar con lupa cada palabra que diga. No hay que tragar entero, pero tampoco descalificarla porque es una prófuga. Si la justicia colombiana actuara, si todos los mencionados por ella abrieran la boca, si incluso la prensa tuviera la libertad y la disposición para investigar por su cuenta, de pie no quedaría ni uno. Tocaría refundar Colombia y, quién quita, de golpe usted o yo tomaríamos el testigo de la corrupción y nos quedaríamos con alguna alcaldía.

Pero está claro que eso no va a pasar, y que Merlano será tratada como lo que siempre fue para los que controlan el poder: una paria, una advenediza. Tanto que nos burlamos de su escape a la mitad de una cita odontológica y lo que estábamos presenciando no era una comedia, sino un drama: Aida estaba corriendo por su vida. Ahora denuncia compra de votos, amenazas de muerte y otras acciones tan comunes en nuestra clase política y todos salen a desmentirla, como si estuviera loca y nunca nadie en la historia de la política colombiana hubiera hecho tales cosas. Merlano se vio hundida y dijo: ‘Yo no me voy sola, arrastro conmigo a todo el que pueda’. El problema es que está pidiendo justicia ante las personas que manejan la justicia de este país, una ternura de tal candidez como denunciar por bullying a los niños del colegio que te pegan durante el recreo.

Que Merlano espere una solución a su situación es tan chistoso como Duque anunciando la creación de un bloque de búsqueda contra los corruptos. ¿A quién va a perseguir? ¿A sus copartidarios, a sus jefes, a los funcionarios de su gobierno, a sus socios políticos? Entre otras, ¿no creen que ya es hora de que Duque deje de hablar también de economía naranja, de volvernos el Silicon Valley de la región y de un crecimiento de la economía que no se siente? Mientras él habla maravillas, el país vive un momento de estancamiento y caos sin comparación en la historia reciente.

Da miedo oír hablar a Merlano, porque reafirma uno la clase de personajes que nos gobiernan; tanto, que en las próximas elecciones dan ganas de votar por convictos para que nos protejan de los políticos. Pero lo que más duele es lo mal parado que queda el clan Char, no porque puedan frustrarse sus aspiraciones presidenciales, sino porque el que va llevar del bulto va a ser el Junior. Tantas ganas de volverlo el equipo más fuerte del continente y va a terminar es en la B, como el América. Eso sí, con la gran ventaja de no cargar con la vergüenza de haber perdido cuatro finales de Libertadores.

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