Un prado muy movido

Por Eduardo Arias

Suelo llevar a pasear a menudo a mi perra Pasiflora por diversas rutas, y una de ellas me lleva a uno de los barrios que más me ha llamado la atención en Bogotá desde hace ya varias décadas.

No es una barrio ideal para caminar con un perro. Es muy agitado por su gran actividad comercial y, además, en muchos parajes toca andar por la mitad de la calle porque los andenes están invadidos de carros y alguno que otro negocio callejero.

Una de esas calles de difícil tránsito para los peatones en la carrera 45A (una cuadra al occidente de la paralela de la Autopista), una vía especializada en talleres de mecánica y venta de autopartes. Me gusta mucho su ambiente algo sucio y descuidado que combina el caos y la calma. Es una vía muy animada. Cemento, olor a aceite, casi ningún árbol, ningún prado, salvo en los parques en que el barrio limita con Tierra Linda, su vecino del costado sur.

Prado Veraniego es uno de esos tantos barrios de nombre compuesto que, en la práctica, no son ni lo uno ni lo otro. Como Colina Campestre. Que no es colina ni es campestre. Lo mismo ocurre con Prado Veraniego, que ni es un prado ni es veraniego.

Estos nombres suelen tener una explicación que por lo general remite a sus orígenes. En efecto, su nombre viene de la antigua hacienda Veraniega. Muchos nombres de barrios bogotanos tienen un origen similar, como los vecinos o cercanos Tierra Linda, Niza y San Rafael.

En la década de los años 40 los propietarios de la hacienda Veraniega decidieron lotearla y llegaron campesinos de diversos municipios que se establecieron allí.

El 9 de abril de 1948 murieron varios habitantes del barrio y varias manzanas quedaron abandonadas. Constructores piratas los invadieron y las lotearon y por esa razón el barrió evolucionó de manera ilegal. Apenas a finales de los años 70 el barrio se comenzó a legalizar. Su calle principal, la 129, era una antigua trocha que comunicaba a Prado Veraniego con Suba. Esta calle es la principal responsable de que Prado Veraniego se haya convertido, ante todo, en un sector de una gran actividad comercial. Además de los ya mencionados talleres, uno encuentra material de construcción, ropa, y en Prado Veraniego sale mucho más barato ir a hacer mercado. De verdad vale la pena ir. Eso sí, no espere árboles, jardines ni prados. Hoy día lo más parecido a un prado que uno puede encontrar en el barrio Prado es alguna Toyota Prado que estén reparando o engallando en alguno de sus tantos talleres.

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