El sicario de los líderes

"Luego de terminar su trabajo comerá algo y disfrutará los pocos pesos que le dan, se bañará y descansará como si no pasara nada; son tantos los muertos que tiene en su lista que ya pierde la cuenta, el sentido, el llanto y el karma. Es un muerto viviente sin conciencia y sin sentimientos": Andrés Hernández

Por Andrés Hernández R

El olor de la pólvora que acciona el proyectil, el color plomo de la bala que atraviesa el cuerpo y un sabor a sangre como último aliento. Los ojos en lágrimas sin entender qué sucedió, el dolor… El dolor no existe ante la adrenalina del momento, el susto de los disparos y una última imagen de vida, los ojos de su propio asesino.

Los años de lucha por su territorio son arrebatados en un segundo por alguien que recibió una chichigua, un par de billetes, un mercado o simplemente sigue las órdenes de quien quiere desaparecer a quien los quiere denunciar. El asesino ese día se levanta, limpia su arma, cuenta sus balas, se baña, revisa su moto, se cruza la bendición y sale a cumplir su trabajo: apagar una vida.

Un sicario no siente, su objetivo es claro; jalar el gatillo y descargar toda su arma en un cuerpo como si se tratara de un juego de Pacman, no existe humanidad y su mentalidad es una: ver el cuerpo en el piso sin vida, es esa su gratificación. Debe cuidarse de no ser reconocido, no dejar rastro de su identidad, ser un fantasma de la muerte, fantasma que no siente y no se ve.

Luego de terminar su trabajo comerá algo y disfrutará los pocos pesos que le dan, se bañará y descansará como si no pasara nada; son tantos los muertos que tiene en su lista que ya pierde la cuenta, el sentido, el llanto y el karma. Es un muerto viviente sin conciencia y sin sentimientos.

Mientras una familia está llorando la pérdida de su ser amado, el sicario se compra una camisa, un pantalón, sale de viaje con su pareja, comprará droga, perderá el conocimiento y se preparará para visitar a su siguiente víctima. Él no sabe aún si es hombre o mujer, no sabe si tiene hijos, si es rico o pobre, sólo sabe que debe asesinarlo sin piedad y sin sevicia. Sabe que debe darle lo que él llama "sopa de gladiolo”.

Entrar en la mente de un sicario no es nada fácil, pues el simple hecho de saber que su trabajo es asesinar personas hace que pase un frío en todo el cuerpo, produce asco, miedo, insomnio, estrés y en muchos de los casos, la pérdida del apetito. No sé cómo logra separar sus sentimientos, no sé qué pasará en su cabeza a la hora de quitar una vida, lo que sé es que vive de ello, es como un plomero, pero él si da plomo y sin miedo.

Así debe ser el pensar y sentir del sicario, ese mismo que acaban a diario la vida de los líderes sociales, los indígenas y de todo aquel que sienta y piense diferente. Es él el encargado de arrebatar una vida, cumple las órdenes de los poderosos que no quieren ser revelados pero que se quieren quitar una piedra del camino.

Twitter: @AndresCamiloHR

Nota: Debo felicitar al Diputado Marco Emilio Hincapié, por su iniciativa de que la asamblea del Tolima sea Pet Friendly, la primera asamblea departamental en el país, donde las mascotas son permitidas, aceptadas y respetadas. ¡Bien hecho

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