Estilos de gol

Por Nicolás Samper

Andrés Salcedo era poesía pura. De gran cultura general, simpatía y repentismo en su trabajo. Se empezó a hacer entrañable en los hogares de todas las casas porque a través de las transmisiones que hacía Transtel de la Bundesliga, Salcedo impuso un estilo de narración inolvidable: lleno de datos curiosos, con un tono sosegado a la hora de describir lo que pasaba en el campo, aprovechando algunos instantes muertos del juego para guardarle un sentido homenaje al silencio -que siempre será un respiro tanto para el narrador, como para el que lo ve por TV y goza del sonido ambiente del estadio- y haciendo inolvidables a futbolistas de todo tipo -ignotos o campeones del mundo- con su facilidad para ponerles apodos.

Un día me senté a hablar con él porque, cuando estuvo de regreso en Colombia, su estilo no dio tantos frutos cuando RTI empezó a transmitir juegos de la liga alemana por cuenta de la participación del ‘Tren’ Valencia. A mí me parecía buenísimo su andar en medio de las transmisiones, pero parece que a otros no. Andrés, tipo entrañable y modesto como pocos, me dijo que suponía que nuestro carácter había sido forjado por las narraciones radiales. Y que esa manera de describir lo que pasaba en la cancha era parte de nuestro ADN y que él tal vez no correspondía a esa realidad.

Pero era raro porque el estilo radial de narración, mucho más brioso y veloz, también era criticadísimo porque además se podía incurrir en excesos verbales y de concepto por cuenta de la calentura y el patriotismo. Inolvidable resulta aquella transmisión del 5-0 en Buenos Aires cuando Edgar Perea empezó a llenar el previo de cierto resentimiento nacional antes del encuentro definitivo. Mucho folclor, sí, mucha energía, pero también muchas posibilidades de transformar un gol en estridencia. ¿Cuántas veces hemos leído que los televidentes se enfurecen porque dizque se grita mucho? Un montón.

Más allá de los gustos, soy más hincha de la narración televisiva en TV. La que dice lo que hay que decir, la que hace justicia con el sonido ambiente y lo deja fluir, la que no exaspera ni desespera, la que deja un grito de gol que transmite emoción pero que no pretende entrar en el libro de Record Guinness por su duración; los narradores que cuentan con datos de sobra como para incluso prescindir del comentarista, los que entienden que es bueno no ser puntillosos en descripción evidente porque obvio, está la imagen y gastan ese esfuerzo en otros menesteres, esos me gustan. Y si saben meter buen humor en la transmisión, sin que eso prime, sino que apenas se convierta en una ñapa, en un pequeño ingrediente más y no en el todo, esos son de los míos.

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