La no tan extravagante edición de la Gala del Mambo

Por Nelson Rueda Argumedo

Hace cuatro años atrás, hablando con un par de relacionistas públicos, pregunté: ¿por qué en Colombia no se realizaba una gala benéfica con un tinte similar al famoso Met Gala teniendo tantos exponentes en moda y arte?. Muchos respondieron que la idea se les había cruzado la cabeza pero la materialización de esta resultaba retadora. No entendía como el concepto de una gala que beneficiaba en parte al sostenimiento de un museo y la re-expocisión de este a la sociedad Colombiana supondría algo retador y no conveniente. Sin embago, hace aproximadamente un año el Museo de Arte Moderno de Bogotá (Mambo) con motivo de sus 55 años decidió darle vida a su propia gala, la gala del mambo, para celebrar con sus invitados en torno a la moda y el arte que el museo estaba más vivo que nunca.

Ese mismo sentimiento de celebración se transportó a la segunda edición de la gala la cual titularon: “Extravaganza”. Un título asociado con la espectacularidad, lo cómico, lo excéntrico y que fue inevitable comparar con el tema del Met Gala de este año denominado “Camp”. Si, comparar no es un buen hábito; pero hacer una gala de un museo implica un poco vivir a la sombra de aquella cuya resonancia y trayectoria trasciende fronteras, y aún mas, inevitable hacerlo cuando tienen temas similares.

La extravagancia se aborda principalmente desde la autenticidad y resuelve en la siguiente pregunta ¿hasta que punto nos podemos llevar al límite a la hora del vestir? Aunque el uso de diseño Colombiano es un factor importante, y limitante para algunos, dentro del código de vestimenta, es la creatividad de los estilistas, diseñadores o de los mismos invitados la cual encarna las características que envuelven la extravaganza. Sin embargo, la conexión con el tema de la gala fue transitioria. Algunos invitados maniobrearon el tema de pies a cabeza y otros simplemente usaron “lindos diseños”; algunos dejaron volar su imaginación mientras otros la contuvieron con algun mínimo requirimiento para cumplir con la temática. No se puede ir a una gala cuyo tema dice extravagante y llegar con tres brillitos mas. Si la extravagancia se asemeja a lo “camp”, estuvimos bastante lejos de la incomodidad y de lo asombroso.

Agatha Ruiz De La Prada como invitada internacional, no es sorprendente ni internacional. A este punto Agatha es mas Colombiana que cualquiera de nosotros. El comité necesita revisar una lista actualizada de diseñadores internacionales – incluso emergentes – que están haciendo historia, al igual que otras celebridades y artistas Colombianos que impactan digitalmente en la industria de la moda. No podemos seguir reciclando los mismos diseñadores internacionales a falta de presupuesto si ese fuese el caso; ni seguir vanagloriando personajes locales por lo que fueron años atrás. Necesitamos nuevas caras que impacten positivamente en la misma sociedad que los posiciona, nuevas personalidades que visibilicen esta celebración, que conecten de alguna forma con las masas, pues al final mucha gala y protocolo está bien pero el Mambo es para la gente.

La gala del mambo es un espacio fantástico para recaudar fondos para mantener el museo vivo, generar un espacio entre empresarios y coleccionistas internacionales y artistas y diseñadores, reconocimientos a la filantropía entre otros. Sin embargo, son precisamente estas cosas las que se perciben e impactan de “puertas hacia adentro”, en el circulo interno, y solo es el espectáculo – esta vez no tan bien ejecutado – de la alfombra roja lo que queda como entretenimiento para el público. La visibilidad del evento por parte de los medios de comunicación es crucial. La escogencia de los invitados debe ser mas estratégica. Pero sobre todo, recordar que esta gala anual, esta fiesta, la merecíamos; la cual sin importar si la invitación dice extravagante o no, hay que celebrarla por todo lo alto.

La no tan extravagante edición de la Gala del Mambo.

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