La vida se fue al córner

Por Adolfo Zableh

Casi se duplicó el valor de mi recibo del agua y no entiendo por qué. Ya había leído que las tarifas iban a subir, pero no me preocupé porque las cifras parecían inofensivas; nada que ver con lo que estoy pagando ahora. Los recibos del servicio público vienen con tantos detalles que no se entiende nada, apenas nos preocupamos porque la cifra no sea muy alta y se parezca a la de los meses anteriores para poder pagarlos tranquilos.

Entonces ni idea qué pasa, porque mi consumo de agua no ha variado. Tomo duchas cortas, lavo ropa solo una vez a la semana, ensucio la menor cantidad de platos y utensilios posibles porque muchas veces como en la calle, y aún así estoy pagando agua como si tuviera pareja y tres hijos. En el mismo artículo del aumento de tarifas leí que después de 22 metros cúbicos, el precio del recibo se disparaba por estar consumiendo de más, lo que quiere decir que lo indicado es que por hogar se consuman 11 metros cúbicos al mes, ya que el recibo es bimestral (bimestral, no bimensual, como solemos decir). Y mirando mi recibo al detalle, veo que gasto apenas 4,5 metros cúbicos mensuales, lo que ocurre es que no se sabe en qué momento pasaron a cobrar esos cuatro metros y medio como si en vez de agua del tubo fuera marca Voss.

Y no digo que el agua no sea un bien valioso, el más valioso que tenemos, pero es que abusan. Y eso que aún es un recurso abundante, quién sabe hasta cuándo. Lee uno con alguna frecuencia que magnates y grandes corporaciones están comprando cada vez más tierras ricas en agua y que es cuestión de tiempo para que se hagan con los recursos hídricos del mundo. En su afán por sacarle rentabilidad a todo están mostrando un total desprecio por la vida. Llegará el día en que el agua valga más que el petróleo y ocasione guerras y muertes; en ese momento veremos con nostalgia y amargura los tiempos en que nos quejábamos porque nos cobraran unos pesos de más en el recibo.

El secreto de lo que pagas no está en el agua que gastas, dicen, sino en las arandelas, los cargos fijos y los subsidios, pero eso no le quita lo caro. Anunciaron que ahora el aseo lo van a cobrar en el recibo de la luz y no en el del agua, lo que quiere decir en teoría que la luz debería subir y el agua, bajar. De lo primero estoy seguro, de lo segundo, no tanto. Entre más fusionen y más movimientos hagan, más confundirán y después reclamar será imposible. Nadie tiene tiempo, energía ni músculo jurídico para enfrentarse a las empresas prestadoras de servicios, que suelen equivocarse en los cobros, siempre a su favor eso sí, nunca en contra. Solo en Bogotá, la Empresa de Acueducto tiene que devolver 10.000 millones de pesos que cobró de más a algo más de dos millones de usuarios.

Hubo un tiempo también en que ser soltero y vivir solo era barato, y no hablo únicamente del recibo del agua. Todo ha subido de tal manera que ya ni nos enteremos de que el bus nos está dejando. No es solo que la vida sea cada vez más cara, sino que nuestros ingresos suben (cuando suben) a un ritmo inferior de lo que suben los bienes y servicios en general. Es decir, estamos pasando de clase media a pobres sin darnos cuenta. Compare sus ingresos actuales con lo que le vale ir al supermercado, a cine, al estadio o pagar la mensualidad del colegio o del apartamento y verá que cada vez gasta más y recibe menos.

Es una obviedad que sin agua no hay vida, por lo que el precio del recibo es una mera anécdota. Podrá indignarnos y hasta descuadrarnos el presupuesto del mes, pero eso es lo de menos; a la larga es solo un síntoma de que poco a poco nos estamos yendo al carajo.

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