Orfandad de candidatos a la Alcaldía de Medellín

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Escribo como un ciudadano del común. Como ese que tiene actividades diarias y no tiene tiempo de entrar en “profundidades”, que vive el día a día noticioso, que percibe, huele y vive una ciudad. Que dentro de esos parámetros se interesa por lo que va a ocurrir en las próximas elecciones y como ese que mira los aspirantes que hay para la Alcaldía de Medellín, pero se siente huérfano de uno o varios candidatos de peso, de confianza, de categoría. Y, además, como ese ciudadano que siente que la campaña en Medellín no despega, anda en una calma chicha y eso se desprende del pobre nivel de los candidatos.

La escena se vive en muchos círculos de la vida diaria de la capital antioqueña. La tertulia se arma y se llega al mismo consenso: el ciudadano no siente seguridad en cuanto a quiénes son candidatos fuertes, aptos, de buen perfil, con experiencia y capacidad para asumir las riendas de la ciudad el próximo primero de enero de 2020. Unos afirman que son nombres desconocidos, de inmediato viene las preguntas: ¿y ese quién diablos es?, ¿qué ha hecho?, ¿de dónde salió?, ¿a quién le ha ganado? Es una sensación de incertidumbre, que, la verdad, no veía en una campaña por la Alcaldía de Medellín. No saber por quién votar, no saberlo porque el perfil de los candidatos lleva a una sensación de total inseguridad ante la falta de contundencia de sus nombres.

Y sí, hay que investigar, escudriñar y ver quiénes son estos personajes tan desconocidos para el común de la ciudadanía. Pero nada peor que ante el ver una valla u oír el nombre del uno o el otro la duda sea el común denominador entre el ciudadano del común. Extraña uno ese halo de cierta seguridad que da el hecho de decir: “Oíste, ¿por quién vas a votar?” y que la tía, el celador, doña Rosa la de los tintos o Martín el gerente de una empresa sepan que hay tal o cual candidato fuerte que hizo esto o aquello, o que tiene un nombre conocido que ha consolidado una buena armadura para tener garbo para ser alcalde.

En lugar de ello hay una sensación de flan en esta campaña. Sí, hay vallas, sí, está el tipo que quiere seguir el legado del actual alcalde, otro que lleva múltiples intentos y se quema siempre, otro que es hijo de un político famoso, otro que manejó una entidad de la Alcaldía y no sé cómo le fue, otro que ha sido concejal desde la época de Napoleón, una que tiene dizque el apoyo de Fajardo, pero no la conoce nadie dentro del grupo de estos desconocidos. Otro con aire yuppie que conoce más Bogotá que Medellín y, atrás de este lote, otros que son más desconocidos que los desconocidos anteriores.

Ese es el panorama en la segunda ciudad del país. El panorama del ciudadano de a pie, del metro, del bus, del que necesita una mejor ciudad y una administración más eficiente. Eso es lo que se oye, se huele, se percibe. Y esto, amigos lectores, es más valioso que cualquier estudio de las profundidades de la ciencia política. Ojalá despegue la campaña, queda poco más de un mes, porque hasta ahora todo se resume en una orfandad que se pregunta: “¿Y ese quién diablos es?”.

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