Las canecas de Eurolink

Por Adolfo Zableh

Lo primero que llama la atención de las canecas que están instalando por todo Bogotá es que, como se ve en la foto que acompaña esta columna, no se alcanza a leer bien en cuáles hay que poner los desechos reciclables y en cuales los no reciclables, solo se ve que la de la derecha viene con una calcomanía negra y la de la izquierda con una blanca, que vaya usted a saber que putas quieren decir.

No sé cuántos de nosotros reciclemos, pero me parece que aun no tenemos claro las convenciones, los colores, los códigos y demás pormenores del proceso: si una servilleta es reciclable o no, o qué pasa con los pañales, los vasos de plástico (o de vidrio), los empaques de cartón, la tela y demás objetos. Entonces no se entiende por qué la alcaldía asume que nos sabemos todo de memoria y que no necesita poner la señalización adecuada para qué tengamos claro qué cosa va en qué caneca.

Luego viene el tema de la cantidad de canecas que han puesto. No hay que informarse de cuántas han instalado y cuántas más quieren poner para notar que se están sobreactuando. Puede uno llegar a ver ocho en cuestión de dos cuadras, es decir dieciséis porque vienen de a dos. ¿Qué somos, animales que si no vemos una caneca a diez metros a la redonda hacemos un chiquero en el lugar donde estemos porque no somos capaces de cargar un papel en la mano unos metros más? En lugares como Japón uno no ve un papel en la calle pero tampoco ve canecas porque la gente está educada para llevarse la basura a la casa así tenga que cargar con ella todo el día y reciclarla allá. No somos Japón y eso, una vez más, está más que claro.

A la fecha han instalado más de quince mil y se espera que el próximo año se llegue a ochenta mil para alcanzar un promedio de una caneca cada noventa habitantes. Y está bien que la ciudad esté limpia, pero es que se pasan porque más que preocuparse por la higiene es como si nos estuvieran malcriando; el día de mañana nos va a ofender si nos toca andar no 25 sino 35 metros para tirar la basura. Además, da la impresión de que las canecas son los nuevos bolardos: es como si estuvieran por todas partes solo porque alguien se ganó un jugoso contrato. Canecas y bolardos, fíjese bien y verá que de esas dos cosas está llena la ciudad como si fuera lo más normal del mundo.

Por último, está el tema del presupuesto. Según leo en un medio confiable, la inversión total de las canecas es de unos $140.000 millones de pesos, lo que quiere decir que cada una sale a millón ochocientos mil. Y no sé si valen tanto porque son importadas, tienen especificaciones muy especiales o su instalación es costosa, pero suena a mucho porque las ve uno y no parecen mayor cosa, más bien un pedazo de metal moldeado con unos huecos ahí, lo que obliga a preguntar si es que en la alcaldía están comprando lo mejor de lo mejor, o se las están tirando de snobs y están yendo a Eurolink en vez de a Alkosto.

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