Como en las fábulas

"En esos equipos que nadan contra la corriente como los salmones, varios de sus jugadores se transforman en personajes que adquieren una especie de vida propia": Eduardo Arias

Por Eduardo Arias

Una sensación muy curiosa debe sentir el apostador que de corazón quiere que gane A pero por lógica apuesta por B. Imagino que lo anterior le habrá sucedido a quienes, tras el Brasil 5 – Perú 0, se la jugaron sin dudar por Uruguay en cuartos de final y en semifinales ante Chile.

Equipos chicos que llegan lejos a base de temperamento, garra y bastante ingenio suelen robarse el corazón de todos, aún el de los apostadores más rudos y fríos. Aunque me salgo del tema de la Copa América, esta epopeya de Perú me recuerda la campaña de Bulgaria en el Mundial de Estados Unidos.

Millones de personas terminaron haciéndole fuerza a una Bulgaria que arrancó masacrada 3 a 0 por Nigeria y que aprovechó el bajonazo moral de Argentina tras la expulsión de Maradona para llegar a cuartos de final. En octavos sacaron a México en los penales en un épico partido de 120 minutos, eliminaron contra cualquier pronostico a Alemania en cuartos y sólo Italia pudo detenerlos en la semifinal.

En esos equipos que nadan contra la corriente como los salmones, varios de sus jugadores se transforman en personajes que adquieren una especie de vida propia. Quienes recordamos aquella Bulgaria tenemos muy claro en la memoria la garra, el talento y el carisma de outsider de Hristo Stoichkov, la figura obvia del equipo. Pero también se volvieron ídolos de momento el arquerazo Borislav Mijailov; el defensor Tryphon Ivanov, con su pinta de mayordomo de película de terror; la calva goleadora de Letchkov; la velocidad de Emil Kostadinov.

Con Perú sucede lo mismo. Paolo Guerrero, cuando aparece en el frente de ataque solo contra el mundo, recuerda vagamente a Schtoikov. Quién no se ha hecho hincha en estos días de Advíncula, con su despliegue físico, su claridad para jugar y su apellido de general de legión romana. O de Yotún, Carrillo, Cuevas y compañía, que para los profanos dejaron de ser nombres que no decían nada y ahora se les admira como los gladiadores que bajaron del Olimpo a los Suárez, los Cavani, los Vidal y los Alexis.

Todos somos hinchas del arquero Gallese, que había sido masacrado por la prensa tras la goleada que sufrió Perú ante Brasil y ahora es el héroe que tapó absolutamente todo (y de todo) contra Uruguay y Chile. Es la historia que hemos leído mil veces del protagonista que está en la inmunda y, gracias a su determinación, termina en el curubito. Es la historia que hemos oído y visto mil veces pero que siempre queremos que nos vuelvan a contar.

Este domingo millones de apostadores sensatos se la jugarán sin dudar por Brasil, así sus corazones le hagan toda la fuerza a Perú. A mí no me gusta apostar pero con toda seguridad yo sería uno de ellos.

Por: Eduardo Arias / @ariasvilla

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