Profundidades innecesarias

"No, las redes no son malas, lo mamón del rollo es gran parte de la gente que las desnutre. Las redes son ya un elemento de vida, no la vida. Y creo que por ahí va el asunto": 'Pote' Ríos

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

La cosa anda aburridora. Antaño –y sí, cuando uno ya habla así es porque está veterano– los espacios para debatir temas se daban en el comedor, en la sala, en las tiendas o en cualquier espacio en donde mirarse a los ojos y dejar que fluyera la oralidad era un placer. Tema iba, tema pasaba, raje de lo uno, raje de lo otro, todo al son del disfrute del otro y sabiendo cuando era el momento de reír, ponerse serio, parar y dejarlo para otra ocasión. Ahora, en las redes, especialmente en Twitter, cualquier tema es un auténtico calvario. Cualquier situación se convierte en debates eternos con gente desconocida que quiere llegar a las profundidades de temas banales en un rifirrafe de trinos que, la verdad, en un gran porcentaje, no llevan a nada y son poco aportantes.

Y el tema acá no es si las redes son buenas o malas. No, soy tuitero, me nutro de sus buenas bondades y aún lo disfruto. No, las redes no son malas, lo mamón del rollo es gran parte de la gente que las desnutre. Las redes son ya un elemento de vida, no la vida. Y creo que por ahí va el asunto, hay unos que no sé si no duermen, copulan, se masturban, comen o qué diablos hacen de la vida que no sea estar mañana, tarde y noche trinando. Es impresionante, ahí están atentos y al acecho, sin pupilas y retinas, por andar pendientes de qué se dice en Twitter.

El caso es que cualquier tema, por simple o poco o muy importante que sea o que le dé tinte a la vida, se convierte en un cuento de análisis, ganas de debatir por debatir y de buscarle, como dicen por ahí: la “comba al palo”, cuando ni siquiera hay un buen palo, o un palo y ni tiene comba.

Por ejemplo, Game of Thrones. Empecé a verla como “creyente” desde el primer capítulo. Me sedujo el cuento de que era algo con tintes medievales y me enganchó, me enamoró y me la gocé de cabo a rabo. Pero la última temporada, la que de verdad acaparó la atención mundial, en redes fue un acto insufrible y de valentía al tratar de dar cualquier opinión. Primero, y aclaro, válido el debate, válida la opinión, y hasta válido secar a la gente a punta de trinos sobre el tema, mal que bien su libertad termina donde empieza la de los demás. Usted es libre, pero mídase. Y es así como decir que el capítulo de la batalla contra los muertos vivientes me pareció de lo mejor que he visto en televisión, se convirtió en un sancocho de tome y dame de más de 100 mensajes en los que la gente decía que sí, que era bueno, otros que no les había gustado –hasta ahí bien, llevable la vaina– pero ya había unos que de verdad querían buscar la razón de ser de su vida en un berraco capítulo de una serie de televisión.

Que todo muy oscuro, que el uno no peleó como debía, que por qué si el otro estaba en un lugar luego apareció en otro, que el bucle del pelo de la otra estaba mal “bucleado”, que por qué songo le dio a borondongo, que por qué la historia era poco creíble (¡por Dios, de por sí es fantasía, hay dragones!), que por qué el Rey de la Noche fue tan parco y se dejó matar tan fácil…

Es decir, un sinfín de peros que, si uno se dedica a buscarle más peros, pues le va a encontrar una infinidad. Y al final, para mí, es puro y neto entretenimiento con la opción de que me guste o no. Y es que no me imagino si en la década de los ochenta se hubieran puesto en esas con una serie como La familia Ingalls o con El hombre nuclear. Buscándole explicación profunda al por qué Laura Ingalls casi no le ayudaba al papá o al por qué Steve Austin corría en cámara lenta si era tan nuclear. En esto, a la hora de buscarle defecto a todo, hay gente para todo. Lo que me pregunto es qué necesidad hay, qué falencias tienen en su vida para tratar de buscar relevancia e importancia en las pequeñeces. Yo, la verdad, si me divierte y entretiene, gústeme o no, cumple el objetivo.

Y si vamos al tema del fútbol… ¡ay, ay, ay! Si un jugador hace un mal rechazo de cabeza hacen tratados técnico-tácticos-anatómicos para llegar al meollo del asunto de que el futbolista en cuestión es un limitado y no tiene futuro, así tenga 17 o 18 añitos…

Me puedo quedar acá escribiendo una enciclopedia sobre el tema. Simplemente el llamado es a buscar las verdaderas profundidades de los temas de la vida en las cosas que lo ameritan: la familia, los hijos, el trabajo, el salir adelante, la salud, en ser buenas persona. ¿El resto? Cosas que van y vienen y que de verdad no ameritan tanta lora. Hay que calmarnos y vivir más lo verdaderamente vivible.

Andrés 'Pote' Ríos / @poterios

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