El desayuno del canal Premium

Este jueves Gabriel Reyes, expresidente del Canal RCN y hoy vicepresidente de asuntos corporativos de la Organización Ardila Lulle, tiene un desayuno de trabajo más que interesante: los presidentes de clubes del fútbol colombiano se reunirán con él para discutir el futuro del famoso Canal Premium, que en este momento está muerto por más que no quieran reconocerlo públicamente.

Por Alejandro Pino Calad

Este jueves Gabriel Reyes, expresidente del Canal RCN y hoy vicepresidente de asuntos corporativos de la Organización Ardila Lulle, tiene un desayuno de trabajo más que interesante: los presidentes de clubes del fútbol colombiano se reunirán con él para discutir el futuro del famoso Canal Premium, que en este momento está muerto por más que no quieran reconocerlo públicamente.

La historia es ésta: en noviembre del año pasado, en medio de divisiones profundas al interior de la asamblea de dirigentes y de la famosa escena de Fuad Char (dueño del Junior de Barranquilla), que tras más de una década de ausencia de las asambleas se hizo presente para darle un golpe a la mesa, decir que a los dirigentes les estaban viendo la cara de tontos con el contrato actual de derechos de TV del fútbol profesional colombiano y que si el problema era de plata él la ponía, la Dimayor anunció que había vía libre para el Canal Premium, un pago-por-ver que, en palabras de ellos, va a salvar de la pobreza a la gran mayoría de los equipos colombianos.

Caracol Televisión, Fox Sports, MediaPro, GolTv entre otras empresas de televisión nacional e internacional habían presentado propuestas multimillonarias, algunas con proyección internacional, todas con una proyección del negocio interesante y parecía que el negocio se le iba de las manos a WIN, pero tras una oferta de adelanto de 50 millones de dólares para repartir entre los 36 clubes se aceptó la propuesta del canal deportivo nacional, copropiedad de la Organización Ardila Lulle y DirecTV, y con el que se tiene un vínculo contractual por los derechos de TV hasta el 2026.

"El canal Premium va porque va", dijo Jorge Vélez, presidente de la Dimayor, en una entrevista publicada por El Heraldo en marzo pasado. Cuando se le preguntó de qué se trataba el Premium, explicó: "Es un canal especial solo de fútbol, este canal tendrá todos los partidos en directo y todo lo relacionado con el fútbol. Es decir, tendrá noticieros sobre fútbol, será como un canal exclusivo del fútbol colombiano". Con todo respeto por el señor Vélez, eso es precisamente WIN (con la ñapa de que de tanto en tanto tienen eventos de otros deportes), y no hay que pagar de más por eso.

Sin embargo, para marcar un diferencial, el aún político agregó: "Podrá ver fútbol de otras naciones, pero en principio será de fútbol colombiano.  No desaparecerá el canal básico, allá podrán ver tres partidos en directo. En el premium se verán 10 partidos, dos de la B, uno del femenino y dos de la Copa".

¿Por qué tiene que ir o ir el Canal Premium? Porque la Dimayor negoció unos muy pobres derechos de TV hace varios años y en este momento nuestro fútbol, en el que mandan los chicos, está cada vez más pobre que el contexto sudamericano. De ahí que se necesite plata extra (Canal Premium)  o mandar el contrato actual a un tribunal de arbitramento para poder abrir una licitación y firmar uno nuevo.

Voy con cifras para que quede claro: Dimayor recibe más o menos US$35 millones al año por derechos de TV que debe repartir entres sus 36 equipos. La parte más absurda es que de los 36, hay 25 que se reparten el 90% de esos 35 millones al ser considerados "clase a". Suena muy democrático, pero es absurdo: Nacional, Millonarios y América, los tres equipos que más televisores prenden en Colombia, reciben lo mismo que Envigado o Equidada, que casi no tienen hinchas, o que el Pereira que lleva varios años en la B. Porque ojo, ser "clase a" no significa jugar en la A, significa que en algún momento de tu vida jugaste tres torneos seguidos en primera y gracias a eso vas a recibir lo mismo que los grandes del FPC.

Ahora, ese "lo mismo" no es mucho:  cada uno de esos 25 equipos recibe más o menos 4.000 millones de pesos al año por derechos de TV. Puede que eso sea una fortuna para Boyacá Chicó o Jaguares, pero cuando piensas en un bicampeón de Libertadores como Nacional, con un presupuesto anual de más de 70.000 millones de pesos, es prácticamente lo de los dulces.

Lo peor es ponerlo en el contexto continental: nuestros equipos grandes reciben por TV US$1.3 millones al año, mientras que los grandes de ligas que tristemente menospreciamos como la peruana, la ecuatoriana o la chilena cuadruplican y hasta sextuplican esa cifra: Alianza Lima recibe cerca de US$5 millones al año por derechos de TV, Barcelona de Guayaquil recibe más de US$4 millones anualmente y Colo Colo va por los 6. Además, vale la pena aclarar que en esos países, como en casi todo el planeta, se le paga a los equipos según su popularidad y rendimiento: si prendes televisores ganas más, no como acá en donde si prendes televisores y peleas títulos ganas lo mismo que uno equipo al que rara vez le transmiten un partido en la B.

Pero para los dirigentes el problema no es que se haya negociado mal y se haya organizado mal la repartición, sino que se necesita más plata y el hincha debe pagar por ello. Por eso la idea que se aprobó fue cobrarle a cada usuario de cable o satélite más o menos $30.000 mensuales extra por tener acceso al canal premium y vender mejor los derechos al fútbol internacional, que en este momento pertenecen a RCN: la cifra propuesta: US$32 millones por los derechos del Premium y US$50 millones por los derechos internacionales, manteniendo la repartición "democrática"… ahí empezaron los problemas.

El primero, y que se vio inmediatamente en las redes sociales, es que los hinchas no están dispuestos a pagar de más por ver un partido del FPC cuando la calidad del mismo es pobre. Y no se trata sólo del nivel de la liga, que de por sí es bajo, se trata de los escenarios que no son de la calidad necesaria en la gran mayoría de plazas, y de la producción misma de los partidos. Para que quede claro: en Colombia se transmiten los partidos con una producción de máximo nueve cámaras, una cifra muy precaria si se compara con la Libertadores (utiliza 17 cámaras, mínimo), la Champions (de 14 a 43 cámaras, dependiendo de la plaza y la fase), por no hablar de un Mundial.

Pero claro, la comparación puede ser injusta por el nivel de los torneos, así que comparemos con lo que más le gusta imitar a los dirigentes colombianos: ¡el fútbol argentino! Un partido de esa liga tiene un mínimo de 14 cámaras (los clásicos pueden llegar a 19) así que nuestras nueve cámaras son más bien precarias. Ahora, si quieren verlo crudamente y desde el otro lado, en Perú las transmisiones se hacen con nueve cámaras también pero, como ya expliqué, ¡allá le pagan más a los equipos!

Pero el problema real no está en el número de cámaras o si a los hinchas les gusta o no el Premium (aunque esto sí es un gran problema: si los grandes cableoperadores del país (Claro y UNE) dicen que no le juegan al Premium, las cuentas no van a cuadrar), el problema está en los derechos y la plata. La promesa de los 50 millones de dólares adelantados para repartirse entre todos si le daban el sí a WIN no se cumplió, porque el contrato no se ha podido firmar ya que en este momento los derechos de TV internacional son de RCN, que transmite dos partidos por fecha en la TV nacional y en un centenar de cableoperadores a lo largo y ancho del continente. Por esos derechos internacionales RCN paga actualmente US$1.5 millones, lo que haga que muchos se cuestionen cómo es que los vendieron tan baratos en 2010, cuando Jesurún era presidente de Dimayor, si ahora la oferta es de US$50 millones.

Por eso el desayuno organizado por Reyes, porque en este momento hay un entuerto contractual en el que un actor importantísimo está en la oposición: Fuad Char. El legendario político, empresario y dueño del Junior volvió a hacer su propuesta de "si el problema es de plata, yo la pongo" y está dispuesto a pagar el adelanto de los 50 millones de dólares si se abre el tribunal de arbitramento para buscar una nueva negociación y sacar una mejor oferta ya sea de WIN o de otros oferentes.

El FPC se vendió mal hace una década y ese contrato está vivo hasta 2026, y sólo hay dos opciones para mejorar los ingresos de los clubes: manteniéndolo en WIN, que pone sobre la mesa 82 millones de dólares anuales y pretende un nuevo contrato por diez años -lo que por la experiencia del actual evidentemente no es buen negocio, aunque Reyes tratará de convencerlos de lo contrario en el mentado desayuno-; o aceptar que el contrato actual no es bueno, ir a un tribunal de arbitramento y abrir una licitación para que alguien (incluyendo a WIN) supere las cifras de los vecinos por derechos de TV que son muchísimo mejores a la que hay sobre nuestra mesa: en Chile los derechos de TV pagan US$160 millones al año, ¿por qué acá no?

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