Una foto, un saludo, un autógrafo...

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Hace pocos días el protagonista de la “masacre” en redes fue el capitán de Atlético Nacional, Alexis Henríquez. ¿La razón? Un video en el que una mujer lo graba y le pide que le dé un saludo para una barra del club verde ubicada en Panamá. Henríquez le dijo que no, la señora dijo que estaba desilusionada ¡y ahí fue Troya! Carne para las hienas, el capitán en el ojo del huracán y, obviamente, los hinchas de otros equipos pasando facturas ante la situación. Incluso, esa misma barra panameña emitió un fuerte comunicado en contra del jugador verdolaga.

¿Es tan culpable Alexis Henríquez? No creo. El tema tiene muchas aristas. La primera de ellas nace del hincha, de la persona que admira e idolatra, y al ver a uno de sus ídolos, pues simplemente quiere tener una foto, un saludo o un autógrafo (por cierto, ya poco se ven en papel, se piden para camisetas). Y esa arista es válida; pero acá vuelve y juega, no es el qué, es el cómo. Hay maneras, hay normas no explícitas que van de la mano de la educación, la decencia y el cómo abordar a un personaje que, de por sí, cuando sale a la calle, el 95% de sus pasos se dan al son de atender este tipo de requerimientos y más.

Por ejemplo, una vez me encontré con la familia de Mariana Pajón en el aeropuerto de San Andrés. Yo iba con mi hija y mis hermanos, y ellos de inmediato querían pedirle una foto a la recién ganadora del oro olímpico. Mariana estaba en una tienda con alguien de su familia mirando cosas. No era el momento, no era el instante para llegar, interrumpir o atropellar un rato familiar. Decidimos esperar afuera. Al final, la mamá de Mariana nos dijo que nos felicitaba por respetar ese espacio, que así tenía que ser, que ella nos iba a atender con calma y que eso era clave: respetar el momento de la persona famosa. Al final: tuvimos foto, abrazo, pico, felicitación y firmas.

No pongo este ejemplo para alardear o decir que soy el santo grial en una situación de estas. En años anteriores muchos futbolistas me negaron autógrafos, un par de actrices me dijeron que no molestara y una vez fue tanta mi emoción al ver a Bruce Dickinson (cantante de Iron Maiden) y tanta mi insistencia por una rúbrica suya, que terminé despaturrado en el piso a costa de su gente de seguridad, y sin autógrafo…

En el caso de Henríquez, estaba ingresando al estadio Atanasio Girardot, se le notaba su afán y llovía. La señora en cuestión le pidió el saludo en video cuando ¡ya lo estaba grabando! Lo presionó una, dos y tres veces y al final el jugador le dijo respetuosamente que no. La prioridad de él era ingresar rápido; la entrada se veía vacía, lo que infería que el partido pudiera haber iniciado. Y ya, en el mismo video, la señora lo expuso, le dijo que estaba desilusionada y punto final.

¿Que el jugador de Nacional hubiera podido decir hola, un saludo? De pronto ¿Que eso se hubiera demorado 10 segundos? También. Pero no quiso y punto. Así como hay días, lo he visto, en los que les da 150 saludos, fotos y autógrafos a quienes se lo piden.

Y es que hay casos. Hablando con René Higuita, una leyenda de leyendas, un tipo que lo conocen acá, en Nepal o en Islandia, me decía que es difícil, que él trata de darle gusto a todo el mundo, pero que le han llegado a interrumpir cenas con su esposa en restaurantes (¿por qué no esperar a que finalice y le piden la foto?), que muchas veces ni siquiera un por favor, que le jalan el pelo, incluso en medio de un velorio le dijeron: “¿Hey, una foto por favor?”. Repito: ¡En un velorio!

La otra arista, y no me refiero al caso de Henríquez, se cierne sobre el famoso grosero, agresivo o simplemente jarto y perezoso, que sin importar la decencia, paciencia y buen momento que tuvo y buscó el fanático para pedirle una foto, un saludo o un autógrafo, le dice: “¡No quiero, no me da la gana!”. De esos hay muchos y también les cabe el no es el qué, es el cómo.

Ellos son figuras públicas y no somos dueños de ellos, de sus espacios, temperamentos, tiempos y momentos. Ahí hay un humano, como usted y yo, que muchas veces no quiere que nadie lo joda.

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