América de Cali, el 'Pitufo' de Ávila y el diablo

A propósito del polémico cambio en el escudo del América de Cali, en donde se reemplazó el legendario diablo por la letra A, nuestro director Alejandro Pino Calad recuerda la historia de Antony de Avila, uno de los primeros que tapó la insignia.

Por Alejandro Pino Calad

“Que hagan del América lo que quieran, pero juro por Dios que nunca serán campeones”, , dijo Benjamín Urrea antes de dar un portazo y salir sonoramente de la asamblea del América de Cali.

Ese 1948 se decidía si unirse o no a la naciente División Mayor del Fútbol Colombiano y, así, convertirse oficialmente en un club profesional. El cuadro escarlata, uno de los pioneros del fútbol aficionado en el país, había sido fundado en 1927 y entre los promotores de su creación había estado el propio Urrea, odontólogo y gran aficionado a la pelota, quien había jugado en esos primeros años de amateurismo con la camiseta blanca de franjas celestes que le distinguió.

El club quería imitar las glorias del Racing de Avellaneda, de las que los fanáticos del fútbol en Colombia se enteraban por la llegada de la famosa revista argentina El Gráfico. Urrea, a quien apodaban ‘Garabato’ pues era flaco y alto (lo que hacía que sus movimientos en la cancha fueran más que curiosos), fue parte del equipo que abandonó la camiseta de Racing y decidió vestirse en 1931 -su mejor año en el amateurismo- con el aún emblemático rojo intenso que distingue a ‘la mechita’. Sin embargo, su nombre pasó a la historia, pues esa sentencia de 1948 cuando ya no era jugador sino directivo de la institución, se convirtió en la maldición más famosa del fútbol colombiano: “La maldición de Garabato”.

"Nunca van a ser campeones”… la frase que había quedado en el camino desde 1979 con la llegada de ese exorcista llamado Gabriel Ochoa Uribe y que casi sonaba a recuerdo caduco en el corazón de los americanistas más ancianos, regresó. Y lo hizo de manera cruel, vil, drástica y hasta agresiva en sus formas. No fue en Colombia, donde su plantel de estrellas tenía puestos de privilegios y títulos conquistados con asiduidad. Fue ante el continente, ante el mundo, ante la Copa Libertadores. La era de los éxitos en Colombia, en donde ya era multicampeón con las estrellas del 82, 83 y 84, tenía que concretarse con el mayor de todos, con el que situara en la cúspide a este equipo legendario y con el que le catalogara por un tiempo como lo que era, el mejor club de América y competidor con cualquiera en todo el mundo. Pero el reto nunca llegaría…

En 1985, a pesar de la nómina de lujo, Argentinos Juniors le ganó el título en un tercer partido disputado el 24 de octubre en Asunción: fue 1-0 en Buenos Aires para el ‘bicho’, 1-0 en Cali para ‘la mecha’ y en el partido definitivo, en la capital de Paraguay, los goles de Gareca para el rojo caleño y de Comisso para el de Argentina, obligaron a una definición desde el punto penal. Los de la Paternal anotaron sus cinco cobros y venía el definitivo para el América. Ahí, justo ahí, un jovencito de 21 años muy pequeño, tanto que le llamaban ‘El Pitufo’, falló su tiro y Argentinos fue el campeón. ‘El Pitufo’ es uno de los apodos con los que se conoce a Antony De Ávila (también ‘El Pipa’), máximo goleador en la historia escarlata y un referente de muchas generaciones, pues no sólo hizo 208 goles vestido de rojo, sino que regresó al equipo en 2009 para jugar cuatro partidos y así llamar aficionados al estadio en un momento de apremiante situación económica (tenía 46 años y, aun así, hizo dos goles). De Ávila, tristemente, representa la transformación de ‘La maldición de Garabato’.

Con él en el campo, ‘los diablos’ perdieron de nuevo la final de Libertadores de 1986. Esta vez frente a un River Plate igual de fuerte en plantilla, que les ganó 1-2 en el Pascual y 1-0 en el Monumental. Y sin él en el campo (pues había sido prestado al Unión de Santa Fe), América perdió la final del 87 con Peñarol otra vez en tres partidos: 2-0 en Cali, 2-1 para el local en Montevideo, y un dramático 3-2 de último minuto en Santiago de Chile con un gol de Diego Aguirre que impidió que con el empate, por el reglamento de entonces, América fue campeón. “Quiero decir que siento un respeto total por ese equipo del América, porque hizo todo por ser campeón y lo merecía. Lamentablemente les tocó perder. Después, con los días, mientras aún festejaba, por momentos pensaba en la tristeza profunda que le pude causar a toda esa gente, es algo muy duro que a veces pasa en el fútbol”, diría años después Aguirre en una entrevista para El Espectador. Lo irónico es que, a pesar de no estar en el campo frente a Peñarol, a De Ávila se le suma también esta derrota en Libertadores pues había sido inscrito por el club en el arranque de la Copa, antes de ser enviado a Argentina en donde estuvo hasta mediados del 88.

Llegar a tres finales de Copa Libertadores de manera consecutiva, ya es una osadía histórica y de dimensiones inimitables, pero lo es aún más el dolor, el golpe y el impacto de haber perdido todas. Una detrás de otra. Otra detrás de una. Tres. Y, además, dos de ellas por cuestiones azarosas o condicionantes muy concretos (como un penalti o un gol en el último suspiro) tras nada menos que tres partidos de desempate.

“Nunca serán campeones”, decía la famosa frase, y un América de figuras colombianas estaba dispuesto a demostrar lo contrario en 1996. El ya veterano De Avila, goleador de esa Libertadores con 11 anotaciones, comandaba una nómina con Oscar Córdoba, Jorge Bermúdez, Wilmer Cabrera y Franky Oviedo que llegó hasta la final de nuevo frente a River Plate. El 1-0 en Cali fue demasiado corto y, tras un error de Córdoba, Crespo se fue de doblete y con el 2-0 River volvió a ser campeón a expensas del rojo y de un equipo con De Ávila.

Irónicamente el ídolo y máximo goleador escarlata fue de los primeros que tapó al diablo en el escudo del América debido a sus creencias religiosas. Las fotos de sus diferentes épocas en el equipo lo muestran con un parche blanco sobre la insignia, una A como la que están tratando de revivir en estos días o sin escudo, como en los 90. Esto hizo que incluso durante varias temporadas el escudo oficial del equipo estuviera sin el cuernudo personaje reemplazado por las estrellas obtenidas por el club. Y sí, sin el diablo en el pecho Antony de Ávila hizo 208 goles y ganó ocho ligas con el América… pero nunca pudo levantar la Libertadores.

La poca fortuna del ‘Pitufo’ en Copa, en donde es uno de los goleadores históricos, lo acompañó hasta Ecuador, en donde fue figura del Barcelona que llegó a la final de la Copa de 1998. De nada valió su gol en la vuelta frente a Vasco da Gama; los brasileños, que habían ganado 2-0 en la ida se impusieron 1-2 en la vuelta y lo convirtieron en el jugador que más Copas Libertadores ha perdido en toda la historia, sin haber ganado nunca una. Herencia directa sobre América de Cali, digno merecedor de varios títulos que sumó, suma y sumará, pero que tiene el récord de cuatro finales derrotado y ninguna Libertadores…

Por Alejandro Pino Calad / @pinocalad

(Una versión más completa de este texto fue publicada hace cinco años en la revista El Enganche)

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