¿Qué te detiene?

Por Zalman Bem-Chaim

Siempre hay algo que queremos cambiar, que quisiéramos diferente, que creemos podría ser mejor o definitivamente que necesitamos transformar. Pero entre pensarlo, convencernos de que así debe ser y llegar a ejecutarlo hay una profunda diferencia y un largo camino, por eso se dice que quien sabe qué debe hacer y no lo hace está peor que antes.

El asunto sería tratar de entender qué es lo que nos detiene para llevar a cabo esos cambios, para tomar esas decisiones que nos permitan movernos en la dirección que nuestros instintos nos señalan y que, aun cuando parezcan cambios arriesgados, nos darían más tranquilidad o una mejor perspectiva de vida que la que podríamos tener siguiendo por el camino en el que estamos. Y en ese punto, empezamos a ver que dichos cambios, dichas acciones, son un salto de fe, de fe en nosotros mismos para empezar.

Nuestros pasos deberían ser dirigidos por nuestros sueños y anhelos más profundos, pero cuando dudamos de nosotros mismos, cuando no creemos en todo lo que somos, y por el contrario, creemos más en nuestras inseguridades que en aquellos talentos que nos caracterizan, nos convertimos en un obstáculo, transformándonos en seguidores y esclavos de los miedos que hemos permitido que vivan y crezcan en nuestro interior.

Creer más en tus miedos que en todo lo que eres solamente logrará frenar tu vida, detener tu avance natural y bloquear tu impulso natural por avanzar, cambiar y evolucionar.

Quienes quieren controlar todo como una manera de evitar el fracaso solo están haciendo evidentes sus vacíos e inseguridades, limitan sus posibilidades, se dedican a aniquilar la libertad propia de las cosas y la creatividad que pueda surgir, simplemente para cumplir un capricho y reforzar la idea de que solo hay una manera de hacer las cosas. Y parte de ese control muchas veces tiene que ver con tratar de mantenerse a toda costa en el espacio de comodidad y seguridad que se siente desde lo conocido, ese control tiene que ver con no querer cambiar absolutamente nada y quedar anclados a una imagen de vida, pero olvidando verdaderamente vivirla.

El fracaso no surge de la falta de control, sino del exceso de miedo. No necesitamos saber cada detalle de las cosas ni tampoco tener el control sobre estas, necesitamos creer en nosotros y en que podremos ser capaces de manejar cualquier situación que se nos presente o al menos estar dispuestos a intentarlo, ya que solo quien se atreve a intentar una y otra vez va a estar condenado al éxito; pero quien se queda anclado a sus miedos se verá destinado a jamás poder avanzar, y con el tiempo seguramente entenderá que no había absolutamente nada que temer, ya que esos miedos solo viven en la mente, y como muchas otras cosas que solo viven allí, tienden a desvanecerse.

Tal vez estén muy arraigados esos miedos, tal vez sientas que el ancla es muy firme y muy pesada, pero está atada al vacío y tienes dos opciones: soltarla para avanzar o seguir permitiendo que esos miedos no te dejen avanzar, hasta que llegue el momento en que ese vacío se manifieste en tu realidad.

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