Ella: la puta agonía

Por Mar Candela

Cuando quería señalar la falta de garantías para las personas que decidían el sexo con ánimo de lucro como opción laboral, no pocas veces afirmaba: “Soy la puta agonía”. Una vez le pregunté ¿por qué la puta agonía?, y respondió: “Porque es una agonía ser yo en este sistema que me quiere invisible, miserable, avergonzada, angustiada, con hambre, maltratada, violada, castigada y hasta muerta. Solamente por decir que mi cuerpo es mío, que yo decido y que disfruto plenamente de mi sexualidad con ánimo de lucro. Que no soy una ciudadana de tercera categoría”.

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Ella y yo nunca compartimos mucho de nuestros mundos cotidianos. Las veces que compartíamos era sobre nuestras luchas. Teníamos diálogos filosóficos y humanistas desde la vida personal para la vida pública y para las causas. Nuestro amor era un amor revolucionario. Teníamos muchos planes, planes que la vida nos ha negado. Quiero contarles que ella estudió Actuación Teatral en Casa Taller L.P Los Productores. Estudió Actuación en el Centro de Formación en Actividad Física y Cultura del Sena. Estudió Licenciatura en Artes Escénicas en la Universidad Pedagógica Nacional de Colombia. Se hizo prostituta por decisión personal como un porcentaje amplio de las personas que ejercen la prostitución en Colombia: “No soy un foco de infección. Soy una mujer que ejerce sus derechos sexuales con ánimo de lucro y eso no me deslegitima ni intelectual ni políticamente. Soy una puta feminista que reivindica todas las formas de ser mujer desde su realidad y que abiertamente dice: puta sí, tuya no”.

“Soy una prostituta barrial, de las calles, que defiende su derecho a vivir sin miedo y que tiene claro que su dignidad no habita en lo que hace o deja de hacer con su vagina. El trabajo sexual es trabajo y hoy quiero decirles a todas las prostitutas que me ven, oyen y leen que ningún trabajo dignifica a las personas; las personas dignifican su trabajo. Soy una mujer puta y digna. Soy una mujer. Y eso es mucho más que una puta o cualquier otro rol en la vida. Soy una mujer putamente libre, como decimos abiertamente todas las feministas artesanales, es decir, mente y cuerpo. Me reconozco como una mujer sentipensante porque mi sexualidad no es incompatible ni con mis pensamientos ni con mis emociones. Soy una ciudadana común, nunca una ciudadana de tercera categoría. Pago mis impuestos y voto, lo que me da autoridad para exigir garantía de todos mis derechos. Invito a cada prostituta en Colombia a que no se deje ‘ningunear’ ni maltratar por el sistema: si nuestro dinero es limpio para pagar impuestos, nuestra vida es sagrada para vivir en derecho”, son las palabras contundentes de ella. Y ella es Laura Beltrán Alarcón, conocida en las bases como Lala Switch Alarcón.

Ella era mi amiga en distancia y no por eso menos íntima o menos hermana. Yo sé de ella todo lo que ella quiso contarme. No estuve en sus bases, el plan era hacerlo poco a poco con una línea de trabajo pedagógica. La vería la otra semana, pero solo sé que un carro la atropelló, dicen que fue una ambulancia, aunque los detalles que conozco son muy ‘raros’ para mí. Yo solo espero que todas las personas que la conocieron de cerca sean incisivas, persistentes y no desistan en la búsqueda de la verdad. Que podamos descartar el feminicidio o hacer justicia en caso de serlo.

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