El discreto encanto de San Luis

Por Eduardo Arias

Uno de los pequeños placeres que las grandes ciudades les permiten a los caminantes y ciclistas es el descubrimiento de barrios de los que poco se habla o en los que no reparan quienes los atraviesan en un carro sin prestarles demasiada atención a sus casas y edificios. Uno de esos barrios es San Luis, ubicado al occidente de la avenida Caracas, entre las calles 57 y la avenida 63 (que la nueva nomenclatura denomina como diagonal 61B) y la carrera 21.

Es un barrio muy difícil de delimitar, ya que conforma una gran unidad junto con sus barrios vecinos Banco Central (mejor conocido como Divino Salvador, por la parroquia), el antiguo Sears, hoy llamado Galerías, y El Campín. Tampoco es fácil definirlo. Por estar al occidente de la avenida Caracas pertenece a localidad de Teusaquillo. Pero su cercanía al parque de Lourdes hace que en la práctica sea en esencia un barrio muy chapineruno. Sin embargo, por su arquitectura San Luis sí es muy ‘teusaquillesco’, por sus muchas casas con antejardín y fachadas de ladrillo a la vista del llamado estilo inglés, que se alternan con edificios de estilo moderno que recuerdan a La Soledad.

La historia de este barrio que nunca se creyó de mejor familia está muy ligada a la expansión de la ciudad hacia el norte por el eje de la avenida Caracas en las décadas del 30, 40 y 50 del siglo pasado. Pero también a la construcción del estadio Municipal, luego bautizado Nemesio Camacho El Campín, como homenaje a Nemesio Camacho, propietario de la hacienda El Campín, donde se construyó el estadio y los barrios que van desde la 30 hasta la Caracas. De hecho, se ha planteado que el nombre San Luis es un homenaje a Luis Camacho Matiz, hijo de don Nemesio, quien a mediados de los años 30 donó esos terrenos. Como detalle curioso, el primer supermercado de la historia de Colombia se construyó en esa avenida en 1954. Es el hoy Carulla Express de la calle 57 con carrera 21.

El urbanista austríaco Karl Brunner es el responsable del trazado de calles diagonales cortadas por carreras semicirculares. Ese tipo de trazados que tanto le gustaban a Brunner, y que también están presentes en los vecinos Campín y Galerías, así como en el barrio Palermo, le dan un aspecto muy singular al barrio, además de generarles tremendos dolores de cabeza a los encargados de darles una nomenclatura medianamente lógica a esas calles, carreras, diagonales y transversales.

A pesar del deterioro que sufrió a partir de los años 80 del siglo pasado, San Luis se ha recuperado, en particular de la carrera 17 al occidente, y hoy día, unos 70 años después de haberse constituido, la perspectiva del tiempo transcurrido permite apreciar en todo su esplendor la tranquila y austera belleza de muchas de sus casas, de sus calles en diagonal, de sus árboles, de sus parques. Sin duda, muy pocos barrios de Bogotá poseen el discreto encanto del San Luis.

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