El día que canté con Mötley Crüe

Por Andrés ‘Pote’ Ríos

Surgieron de ambientes duros, pobres y llenos de excesos en el corazón de California, y así, bajo el manto de la irreverencia, fueron innovadores y se convirtieron en los reyes del glam. Rockeros puros con pintas que nadie había osado lucir. La voz nasal de Vince Neil, el poder de cada golpe en la batería de Tommy Lee, la guitarra inconfundible y gutural de Mick Mars y el emprendimiento, liderazgo y el bajo en su punto de Nikki Sixx. Sexo, alcohol, drogas y talento, una montaña rusa de esta banda que conquistó nuestros corazones ochenteros (y lo sigue haciendo), es su majestad Mötley Crüe y yo, junto a mi hermano (@sixxrios), canté con ellos a menos de un metro de distancia.

En 2015 la banda anunció su última gira. Se retiraban y en el mapa de los Crüe por ningún lado figuraba el nombre de Colombia como punto para decir adiós. Mi hermano Sebastián, fanático número uno de Mötley, desde cuando al son de mi ola rockera le presenté el álbum Shout at the Devil, quedó enamorado, al igual que yo, de esta banda que creó Sixx, les escribió por todas las vías posibles para preguntarles: ¿por qué no vienen a Colombia? Salvo una respuesta tenue y diplomática, no había caso, no venían al país y después de ver en vivo a Black Sabbath, Iron Maiden, Judas Priest, entre otras, para nosotros el sueño de ver a Mötley Crüe se veía lejano.

Pero soy un convencido de vivir bajo la pasión, de cumplir sueños y de que eso da la savia para gozar más la vida. Mi hermano, el culpable de todo, maquinó el plan, movió sus tarjetas de crédito y armó el viaje. La banda se iba a presentar el 10 de septiembre de 2015 en la Arena de Ciudad de México.

Luego de un ingreso un poco asustador al país azteca, en donde estuve detenido por cuatro minutos en inmigración por no tener la reserva del hotel impresa, todo estaba listo para ir al concierto. Las boletas eran las mejores, ahí, cerca de la tarima. Pero un correo el día anterior cambió todo. El staff de la banda le escribía a mi hermano que, dada su insistencia, reclamos o lo que fuera, querían recomponer el hecho de no ir a Colombia y tenerlo en una zona especial llamada: Crüe Nest. Lo celebramos, pero jamás imaginamos lo que nos esperaba…

Nos recibió la jefe de comunicaciones de Crüe, nos entraron por una zona especial, ahí nos acompañó en esta aventura una pareja cuarentona de Costa Rica criada al son del rock.

Las indicaciones eran claras: todo el concierto estaríamos entre el público, normal, pero antes de la penúltima canción debíamos ir al centro del escenario, ahí había una hilera de sillas tipo “montaña rusa”, con todos los cinturones de seguridad del caso, estaba terminantemente prohibido tocar a los integrantes de la banda y, menos aún, podíamos pararnos de nuestros asientos. Había que tener calma en medio del éxtasis total.

Así lo hicimos, disfrutamos de un gran concierto y llegó la cúspide. Éramos 10 personas sentadas en esas sillas cómodas y llenas de seguridad. Guardé el último 30 % de batería de mi celular para este momento. Al lado de mi hermano vimos que frente a nosotros había un piano, una batería, una guitarra, un bajo y un micrófono. Y el primero en llegar fue Nikki Sixx. La orden era no tocarlos, pero fue él el que rompió ese reglamento. Nos saludó a todos…

En un parpadeo estaba toda la banda y empezó a sonar ese piano inconfundible de Tommy Lee con la bella canción Home Sweet Home. Esa era la cereza del pastel. Estábamos a menos de un metro de Mötley Crüe.

Yo lloraba al lado de mi hermano. Gritaba en un inglés apachurado: “Thank you!”. Decía sin parar, como católico no practicante que soy: “¡Ay, Dios bendito!”. Recordaba familiares y amigos que merecían estar ahí con nosotros y soltaba con todo mis pulmones las letras hermosas de esa canción junto a un hijueputazo de felicidad. La canté, la cantamos con mi hermano al lado de la voz de Vince Neil, mientras que la estructura en la que estábamos sentados se elevaba y bajaba diez metros en la inmensidad de la Arena de la Ciudad de México.

Terminó la canción y Nikki Sixx se acercó, nos dio la mano y nos regaló unas plumillas que tengo guardadas en un pedestal. El viejo querido de Mick Mars fue el más cariñoso y yo le decía que en Colombia lo queríamos y que gracias por tanto (yo parecía Iván Duque), Vince Neil también nos dio la mano y fue Tommy Lee el único de los Crüe que no nos determinó…

Fueron siete minutos que jamás olvidaré, fue uno de los momentos que me llevaré a la tumba con una sonrisa y con los dedos haciendo el símbolo del metal. Fue sublime y lo viví al lado de mi hermano, a quien le agradezco eternamente por ese orgasmo rockero.

Esas son las cosas que le dan vida a la vida. Vivir con intensidad y alegría. Canté con Mötley Crüe…

Acá el video de lo que pasó:

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