La fuerza del cariño

Las manos de Joel Silva y el travesaño ante Ruiz en el último cobro de la definición condenaban a Atlético Nacional a no estar incluido entre los semifinalistas del torneo, todo un asunto de relevancia, dada la superioridad verde en los años recientes. La imagen entonces sorprendió al rato: Juan Manuel Lillo apareció en la sala de prensa del estadio Atanasio Girardot y detrás de él todo el plantel profesional, incluidos René Higuita, preparador de arqueros y gran leyenda del club y del fútbol colombiano, y Andrés Botero, presidente de la institución.

Cuesta trabajo recordar alguna imagen más diciente que esa en cuanto a respaldo a un compañero. Un par de días antes Alexis Henríquez, capitán del equipo, también aprovechó una rueda de prensa para reafirmar lo que se vio: el compromiso a todo dar de los integrantes del plantel verde con su entrenador.

Lillo entonces se sentó a responder preguntas muy a su estilo: citando a Machado, lanzando frases de esas que valen un titular –“Los argumentos en boca de un perdedor son tomados como excusas”– y en ese orden extraño transcurrió la conferencia en la que se ratificó a Lillo.

Fue conmovedora la imagen, sin duda, de los muchachos rodeando al general que estaba en su propio laberinto. No sé si se dio así porque Lillo es extranjero y tiene una gran prédica. O por las dos. Con un entrenador colombiano no vi jamás algo así. 

De golpe me equivoco pensando en lo sobrecogedor que fue el marco del pos-Nacional-Tolima y debe haber algún recuerdo cercano, pero como que mi memoria no registra semejantes muestras de solidaridad de un plantel con, diga usted, un Néstor Otero. O con un Diego Umaña. O con un Hubert Bodhert. O con un Jorge Luis Bernal. Para ir más cerca, con un Francisco Maturana del que los jugadores, en el previo, decían sentir admiración por ‘el sabio de Yondó’ antes de que asumiera las riendas del Once Caldas y a quien después no fueron capaces de salvar cada lunes que se registraba una derrota.

No desconozco lo que pueda saber Juan Manuel Lillo, ni más faltaba. Ni su gran carisma. Y que a él lo hayan defendido sus dirigidos habla muy bien de su actuación dentro de la cotidianidad verde. Además, esto no busca cuestionar el gesto del plantel de Nacional. Pero sí me surge la pregunta del porqué esa clase de imágenes no se ven con directores técnicos de nuestro terruño. ¿Porque son mala gente en general y nunca se ha dicho de frente? ¿Porque no tienen acentos almibarados de otras tierras? ¿Porque se podría malinterpretar –diga usted caso Flabio Torres con Piedrahíta hace unos años–? ¿O porque no nos nace respaldar lo raizal por una cuestión individualista como sociedad? ¿Porque sus dirigidos piensan en el fondo que el DT colombiano carece de carisma suficiente como para jugársela por él como sí lo hicieron los de Nacional con Lillo?

Quisiera saber por qué.