Tomar decisiones

Por Zalman Bem-Chaim

Resulta más que evidente cuánto nos cuesta tomar decisiones, desde qué ropa usar, qué comer, con qué tipo de letra escribir un mensaje, hasta qué hacer con nuestro tiempo y, por ende, con nuestra vida. Parece que nuestro cerebro lucha constantemente a la hora de tomar decisiones, y mientras mayores sean las opciones, más complejo se torna, dado que podemos terminar por distraernos en aspectos triviales, en vez de enfocarnos en aquello que para nosotros sea mejor.

Y no solo es cuestión de cuántas decisiones debemos tomar (parezcan sencillas o no), sino de cuánto tiempo meditamos respecto a esa decisión, ya que mientras más tiempo usamos, más grande puede tornarse dicha indecisión, y dado que todos tenemos miedo a mirar atrás y arrepentirnos, el panorama se torna aún más complejo. Incluso las decisiones más sencillas pueden tener una gran carga emocional llenándonos de culpa e insatisfacción porque pensamos en exceso y no logramos priorizar frente a dichas decisiones.

Para no dejar que la ansiedad y el miedo puedan jugarnos una mala pasada a la hora de tomar decisiones, es importante que, en primer lugar, podamos establecer un límite de tiempo para tomar esa decisión ante la cual nos enfrentamos. Mientras menos tiempo perdamos, menor será la probabilidad de que nos ataquen las distracciones que evitan que podamos decidir, además nos llevará a tratar de usar ese tiempo de una mejor manera.

Algo que precisamente nos ayuda a usar el tiempo de una mejor manera es tratar de enfocar nuestra mente en aquello que buscamos solucionar; es decir, filtrar las diferentes alternativas que podamos tener para concentrarnos en aquello que realmente buscamos. Las distracciones no ayudan en la toma de decisiones.

También es muy valioso poder escuchar consejos, pero claro, siendo sabio a la hora de elegir de quién vamos a escuchar esos consejos o en dónde los vamos a buscar. La objetividad de quien nos aconseja es clave para que podamos tener un punto de vista que realmente resulte valioso y esclarecedor ante la decisión que estamos por tomar. Algo clave en este aspecto es también tener una justa medida entre los consejos que recibimos y las decisiones que tomamos, ya que esas opiniones tienen por objetivo ayudar a aclarar nuestro juicio, mas no decidir por nosotros o convertirnos en dependientes de dichos consejos.

Pero lo más importante sobre todas las cosas es saber qué es lo que realmente queremos, hacia dónde vamos, qué es lo que buscamos con esa decisión. Puede que el panorama no sea claro, que el camino se vea confuso, pero si sabemos cuál es nuestro objetivo, de seguro podremos sortearlo. Quien no sabe para donde va, ya llegó.

Sin duda tomar decisiones no es sencillo, pero existe un balance siempre entre lo que sentimos y pensamos, la clave está en conectar estas dos cosas con aquello que hacemos, para que esas decisiones sean transparentes y honestas para con nosotros mismos y no se conviertan en una carga para nuestra vida.

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