¡Pasarelas con más diversidad, por favor!

¡Pasarelas con más diversidad, por favor!

La noción de la moda, como un espectáculo de elitismo y esnobismo dentro de un espacio de difícil acceso y separado del resto del mundo, no se aleja mucho de lo que realmente es: de su realidad. Después de todo, los diseñadores reconocidos en el mundo son, por naturaleza, entidades que emanan exclusividad y que se separan del resto por el precio y estética peculiar. Este poder de ser inalcanzable –fantasioso, inclusive– es lo que ha caracterizado a este inaccesible círculo desde siempre.

Anteriormente, las pasarelas eran primordialmente privadas para el público común y corriente. De alguna manera tenían que tener ese componente que las alejara de lo ordinario y que solo aquellas personas que eran seleccionadas cuidadosamente pudiesen tener el privilegio de disfrutar de una velada hecha a medida para ellos. Sin embargo, este concepto ha evolucionado conforme al mercado, el cual está soportado en el fenómeno digital, que cada vez interconecta y expone la industria a cada persona que simplemente quiera sentirse parte de ella.

Aunque democratizar las pasarelas podría ser una solución para impactar una nueva audiencia o captar un nuevo cliente, las marcas y las plataformas son reacias a perder ese tradicionalismo y esa aura de sofisticación que invoca el lujo al que toda marca y creativo quiere catalogarse. El lujo es independiente de la privacidad del show y, por muy abierto al público que sea, la elegancia que emana una marca no debe ser afectada por ello. Hay marcas, como lo hizo Givenchy en 2015, que pueden hacer un desfile muy exclusivo y regalar entradas para su show sin perder su estatus de lujo y sofisticación. Sin embargo, teniendo en cuenta que hacer un desfile es lo menos costo-efectivo en Colombia, ¿sigue siendo rentable privar a las personas de ver una pasarela?

Hoy en día los desfiles de moda no tienen nada que ver con la ropa. De hecho, muchos de los looks que vemos en pasarela ni siquiera logran bajar a la vitrina de las tiendas. Hoy en día se trata de cautivar a las personas con la experiencia, con un factor diferenciador, con un espectáculo que venda un sueño de ser-parte-de para que las ventas en masa al final del día se vean representadas en el número de perfumes, cubiertas de teléfono, camisetas, entre otros. Entonces, si le estamos apostando a este factor, ¿por qué seguimos viendo los mismos, por ejemplo, boleros en todos los desfiles?, ¿por qué seguimos viendo la misma pasarela larga con un cambio poco sustancial de esta como el color del piso?, ¿por qué seguimos viendo las mismas personas en primera fila?, ¿por qué no le damos una vuelta de rosca a estos formatos, a las personas que pueden atender a un evento de estos y las experiencias sensoriales que deberíamos sentir y no solo ver?

La importancia de darle un giro de 180 grados a la industria radica en la diversidad. Y no solo en la diversidad racial (¿por qué seguimos pensando que incluir a un modelo andrógino o una modelo negra es el epítome de diversidad?), sino en las propuestas experimentales que traducen sensaciones a las piezas y, por ende, a nosotros. La ropa ya no es poderosa por sí misma, sino el microambiente y el contexto en el que se usa.

Las grandes marcas –incluso las más tradicionales– han entendido la importancia de la diversidad, de lo experimental y de la innovación en cada uno de sus desfiles, no solo para captar compradores, sino para acoger seguidores que alimenten la fantasía del sueño que venden. Sin embargo, la industria de la moda colombiana se ha vuelto un mismo círculo de los mismos con los mismos, de la creación de muchas plataformas que venden eslóganes innovadores, pero que terminan adoptando formatos clásicos y con poco impacto, y de superponer ideas que de vez en cuando resultan en experiencias memorables. Los productores de estos grandes shows de moda, al igual que los creativos que participan en estos, deben permitirse desligarse de los formatos tradicionales y evolucionarlos a ideas que coaccionen con la gran propuesta diversa de los nuevos talentos. Por ende, necesitamos y nos merecemos pasarelas con más diversidad, por favor.

Por: Nelson Rueda Argumedo / @IamMrPizazz