Gazapera

Por Andrés Ospina

Me tocó que escribir esta columna el día de hoy, distinta a las que usualmente manejamos aquí, ya tan bien posicionadas, porque no habían más temas. Espero de que los lectores y las lectoras no vayan a colocarsen furiosos. En base a lo anterior, me siento demasiado orgulloso de poder digírmele a ustedes, aunque algunos vayan a caerme encima mío a criticarme. La verdad es de que, de acuerdo a mis experiencias, en Colombia son bastantes los que redactan y conversan de manera todavía más peor que esta.

Si se están delicando ante una revelación vergonzosa para el autoestima nacional o al tropezarse con algo tan incorrectamente comunicado, más bien páresen, o si lo prefieren parénsen, sírvansen un vaso con agua o un té hindú (o sea de ‘la India’), relájensen a la interperie junto a sus cónyugues y analicemos acordes a la objetividad las cosas. Porque entre más grande el país, más peor hablado y escrito. Aunque aún nos ufanamos con la mentira del mejor castellano, ni de quintas o si al caso de doceavos estamos. Y vamos por ahí rebuznando barbaridades como las anteriores y las próximas. Preguntando “¿qué vale?”, hablando de ‘ecsenarios’, como si hubiera que pronunciar ‘picsinas’. O tomando el ‘ronboi’. ‘Aplicando’ a becas. Prometiendo que “abrimos hasta las cinco”, y va uno a ver y abren “desde las cinco”. Pensando en cómo curar las venas várices y no en que basta con decir sólo ‘várices’ porque lo otro es volver a repetir aquello que ya se ha redundado. O sea algo así como: “Te quiero demasiado”, “salir para afuera”, “completamente gratis” o “los amo mucho”.

Pero despreocúpesen ustedes, funcionarios públicos, periodistas y ciudadanos del común. Veamos haber que sucede. Todos esperamos por que esto cambie o por que la Santa RAE Iglesia nos indulte, como siempre acaba haciéndolo. De lo contrario quizá precisemos demandas penales. Lo importante es de que al interior del país nos entendamos. Les pido el favor que lo hagan conmigo. Sufro al imaginar qué pensaría de esto el Rufino Cuervo, que andó por los continentes predicando las grandezas del español y defendiendo la buena ortografía. ¡Se colocaría histérico!

Yo, por mi parte, a diario me veo cuatro películas o me leo un libro, lapsos de tiempo muy razonables para el intelecto. Y como buen colombiano no ando recriminando a nadie con “que tú fuistes”, con “que tú no fuistes”, o con que “¿qué dijistes?”. La gente a nivel nacional es muy amables, accequibles y relajados con la palabra. Incluso llaman doctor a quien con dificultad tiene prekínder y ven en quien defiende aquella tan devaluada palabra un anacronismo a fumigar. Ahora caigo en cuenta de que eso explica muchas cosas. Y ya de que andamos de quemalibros…

Con relación a eso y más serios, debo decir que la culpa es compartida: una parte por nuestra clase dirigente, que descuida la ya tres veces mencionada palabra, otra por el entorno, poco fértil para pensar. Pero otra más de nosotros, en algún grado despreocupados. En base a lo anterior, estoy seguro que después de estos párrafos dudo que vuelvan a leerme, lo que demuestra que un castellano medianamente correcto sí ayuda en algo, incluso a los anarquistas. Me despido: soy fans de todos ustedes. Cualquier cosa, me escriben al Face o me colocan un Inbox…

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