El nuevo “Village”

Por Eduardo Arias

En los años ochenta alguien decidió que el barrio La Macarena, junto a las Torres del Parque, era “el Village bogotano” porque se había convertido en lugar de residencia de artistas, actores e intelectuales. El que era un barrio de clase media más bien venido a menos se convirtió en uno de los sitios más chic de Bogotá y los precios de la finca raíz se dispararon. Algo así como el Village de Nueva York, pero a la bogotana.

Lo mismo sucedió más adelante con Teusaquillo y otros barrios tradicionales de esa localidad, en particular los alrededores del Park Way, en el barrio La Soledad. Ahora el nuevo destino de moda para el arte y la cultura es San Felipe.

Este sencillo barrio de clase media, ubicado entre las calles 70 y 80 y las avenidas 24 y Caracas –localidad de Barrios Unidos– siempre me llamó la atención, en particular por una avenida con separador y árboles, hoy denominada diagonal 74 Bis, que le daba un aire acogedor a todo el sector. Olvidado por el empuje de la ciudad en otras direcciones, durante varias décadas San Felipe pasó inadvertido para casi todos los bogotanos. A pesar de que algunas de sus casas parecían abandonadas y algunas de ellas habían sido transformadas en talleres y tiendas, aún se sentía y se siente ese encanto de los barrios bogotanos que nacieron en la primera mitad del siglo XX.

Entonces, a partir de 2010 llegaron los artistas. Encontraron un barrio un tanto deteriorado, de arquitectura que recuerda a La Soledad, barrio que en aquellos tiempos se había vuelto carísimo. Así que este entorno similar, muy bien ubicado y de precios razonables, atrajo a un puñado de artistas que se pasaron a vivir allá y de emprendedores culturales que montaron galerías e instituciones artísticas. En la actualidad las tiendas, los talleres y las sedes de pequeñas empresas que se camuflan en casas que parecen de familia conviven con galerías de arte, cafés y lugares de reunión de artistas. Ha sido tal el auge de esta nueva actividad del barrio que en la actualidad funcionan 13 galerías e instituciones artísticas, entre ellas Estudio 74, Beta, Sketch y la Fundación Flora ars+natura.

A pesar de la llegada de los artistas el barrio aún mantiene su calma tradicional. En las noches reina la paz y la tranquilidad. La inauguración de alguna exposición hace que lleguen a alguna de las galerías grupos numerosos de personas que hacen corrillos en la calle y hablan un poco duro. Pero hasta ahora no se ha convertido en un sitio de rumba ni pachanga.

La llegada de los artistas y las galerías ya disparó los precios de las casas. ¿Qué sucederá con sus habitantes tradicionales? ¿Les tocará irse del barrio cuando empiecen a subirles los servicios y los impuestos prediales? Eso todavía es una incógnita. Lo cierto es que, gracias al arte y la cultura, la ciudad ha vuelto a poner sus ojos en este bonito, acogedor y nada pretencioso barrio. Ojalá San Felipe no pierda ese espíritu.

 

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