“País de mierda”

En lugar de festejar la dejación de armas de la Farc, Virginia Mayer ve a muchos colombianos en Twitter haciéndole fieros a Uribe y al Centro Democrático. ¿Cómo es posible que sean tan infantiles, tan pendejos?

Por Virginia Mayer

El 27 de junio se llevó a cabo el acto de cierre de todo el proceso de dejación de armas y con ello las Farc dejaron de ser –oficialmente- un grupo armado, lo cual yo entiendo como paz, como la consecución de la misma. Y en lugar de festejar, leo a los colombianos en Twitter haciéndole fieros a Uribe y al Centro Democrático. ¿Cómo es posible que sean tan infantiles, tan pendejos? Periodistas e intelectuales de los más respetados tuiteando que Uribe se está mordiendo las nalgas de la ira. Yo no entiendo, de verdad no entiendo.

Lo más grandioso que le puede pasar a Colombia después de qué, ¿60 años en guerra? ¿Y no se les ocurre un mensaje más positivo que putear a Uribe? ¿Pero qué putas importa Uribe si hay paz? ¿Por qué no lo pueden ignorar? ¿Por qué le dan la relevancia que no tiene en un momento tan importante en nuestra historia? Son niños chiquitos que no saben ganar, porque para ganar con decencia hace falta respetar a quien perdió. Y es que, en todo caso, ¿quién pierde cuando se acaba la guerra?

Uribe importa tanto como Santos, si es que la paz no tiene partido político. La paz no tiene caudillos. La paz no le pertenece al payaso que tenemos por Presidente, ni al siniestro Senador que fue Presidente. La paz es colombiana, la paz es de todos.

¿Qué les pasa, cómo es que no lo entienden? Esa gente que maldice a Colombia es la misma que cuando explotó la bomba en el Centro Comercial Andino tuiteaba, “País de mierda”, “Maldita Colombia”. Vamos a ver, el país está conformado por los colombianos y todos los que vivimos en Colombia. Así es que, si Colombia es un país de mierda, la mierda somos nosotros, sus habitantes. Y si maldecimos la tierra donde vivimos, pues, a ver, ¡no hacen falta dos dedos de frente para comprender que nos estamos maldiciendo a nosotros mismos!

¿Su mamá nunca les habló del poder de las palabras? La mía sí. Las palabras, lo que decimos y escribimos, todo aquello que comunicamos tiene mucho poder. Referirse a Colombia como un país de mierda, un país maldito (y hacerlo cargados de rabia y de dolor) la convierte –efectivamente- en un país de mierda, un país maldito. ¿Cómo pueden amar a Colombia y al mismo tiempo referirse a la nación como un país de mierda? ¿Es una mierda ser colombiano? Yo puedo vivir y trabajar en Estados Unidos o casi cualquier país europeo. Pero aquí estoy, viviendo en y a ratos padeciendo a Colombia, y jamás me oirán referirme al país que me da de comer como lo hacen tantos colombianos. Yo estoy agradecida por el trabajo alucinante que tengo, por mis amigos de oro, por la posibilidad de publicar lo que escribo, por estar cerca de mis viejos. Amo al país porque mi vieja es colombiana, y si voy a hablar de Colombia solo me referiré a sus aspectos positivos. Los negativos están en todos los medios de comunicación y referirme a ellos es redundante.

Aquí la única mierda la tienen en la cabeza quienes actúan así y quienes se expresan así. Además, vamos, no hace falta ver las noticias para enterarse de que todo el planeta está hecho una mierda. A donde vayan hay atentados terroristas, violación de los derechos humanos, caos, muerte, infamia, injusticia… No hay país que se salve, no actualmente. Y eso –de hecho- tampoco nos hace un planeta de mierda. Lo que somos es una civilización de mierda, de puta mierda.

Por: Virginia Mayer / @virginia_mayer

 

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