Soldado de Teo

Nicolás Samper escribe sobre el regreso de Teófilo Gutiérrez al Junior y él, cachaquísimo como pocos, se declara seguidor absoluto del jugador.

Por Nicolás Samper

Toca alistarse para la guerra y a uno le encomiendan llevarse el soldado que sabe que no va a defraudar, ese que aparece cuando las balas cruzadas no se detienen pero que asoma la cara sin miedo de nada. Yo me llevo sin dudar a Teófilo Gutiérrez.

Porque a la hora de ser valiente no se arruga nunca. Tuvo sus propias lecciones de calle porque hay que hacer respetarse en La Chinita y él lo hizo antes de ser jugador de fútbol porque el miedo no está presente en su ajuar. Puede equivocarse en una definición como cualquier atacante, es posible que a veces se pase de revoluciones en alguna jugada dividida o que no tenga una tarde buena. Eso no es un mal de Teófilo: es de todos los que se dedican a jugar fútbol, pero casi siempre a Teo lo alumbran las tardes brillantes en las que juega y hace jugar y pelea y hace pelear.

Uno siempre va a necesitar un tipo así en su equipo. Es cuestión de revisar su paso por selección Colombia –con alguna ausencia y algún rumor de conflicto interno– y lo invito a hacer el ejercicio: cada vez que se ha puesto la amarilla ha sido determinante. No solamente importante, no. Más allá de que jugara en Lisboa, Rosario o Buenos Aires, con la tricolor decía presente siempre sin importar que de amistoso, Copa América, eliminatorias y Olímpicos se tratara. Jugó de 9, de media punta, escorado hacia la izquierda y siempre funcionó.

Es caprichoso. Sí, como los genios. Capaz de irse a los golpes con el arquero suplente de Racing Mauro Dobler durante un entrenamiento o convertir en un caos el vestuario del mismo equipo aquella vez que en un clásico hizo gol, pero se hizo echar y Sebastián Saja, el arquero y capitán, lo iba a reventar por su irresponsabilidad hasta que el extraño Teo sacó un arma de balines. Mientras todos sus compañeros huían despavoridos, ‘el Coco’ Basile fue el único que quedó en esa escena. No por valiente, como alguna vez lo contó: era porque a su edad no tenía fuelle para picar y huir. Se fue de Trabzon con cuentos, porque estaba mamado allá a pesar de que le iba bien y alguna vez con Sporting Lisboa le sacó el spray a un árbitro para escribir en el césped una dedicatoria de gol. Dejó al Cruz Azul para irse al amor de su vida –River Plate–, pero de allí también se fue en el momento menos pensado. Y con Central, además de pelearse por un penal con Marco Ruben –un intocable de la tribuna–, le marcó gol a Boca en La Bombonera e hizo la franja de la camiseta de River frente a la platea xeneize. Un kamikaze siempre. En su último partido con Central hizo gol, pasegol y lo expulsaron, toda una radiografía de su manera de sentir el juego.

Alguien me decía que Teo es un tipo raro, como para con esa expresión descalificarlo. A mí, en mi equipo, denme siempre tipos “raros” como Teófilo. Con esos hombres se ganan las guerras. Junior es afortunado en contar con él. Y Colombia también.

Por: Nicolás Samper / Twitter @Udsnoexisten.

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