Un rincón muy bien conservado

Por Eduardo Arias

La carrera 15, la calle 127, la carrera 19… De solo pensar en ellas imagina uno trancones, ruido, clínicas, colegios, edificios de consultorios, toda clase de atafagos. Difícil imaginar cuando se pasa por estas congestionadas vías que a cuadra y media de esas avenidas exista uno de los barrios más tranquilos de la ciudad.

En el costado norte de la calle 127, entre la Autopista y la carrera 15, está el barrio La Calleja. Toma su nombre de la quebrada que baja canalizada por la 127 y que las señales de tránsito señalan como río Callejas. Entre la Autopista y la 19 está La Calleja Baja, un barrio aún residencial, pero que ha visto cómo algunas de sus calles se han convertido en orejas de las grandes avenidas que lo rodean y atajos de quienes intentan escapar de los trancones. En cambio, La Calleja Alta, que está al oriente de la 19, se mantiene como un muy tranquilo y arborizado rincón. En gran medida se ha salvado del tráfico porque sus carreras se acaban un par de cuadras al norte de la 127, donde comienzan los predios del Club El Country.

Este barrio se trazó entre 1960 y 1963, y gran parte de sus primeros habitantes fueron precisamente socios del club. En esas pocas cuadras de La Calleja Alta hay varias zonas verdes. Su parque (para mí encantador, no sé qué opinen quienes allí viven) tiene el andén hundido y las calles que lo bordean tienen varios huecos. Allí uno puede soltar al perro para que corra a sus anchas, a sabiendas de que jamás pasará un carro a más de 20 kilómetros por hora. La carrera 17A, la más larga, termina en una plazoleta cerrada que limita con las canchas de tenis del club.

La principal joya del barrio La Calleja Alta es un proyecto arquitectónico que diseñaron Carlos Campuzano, Hugo Herrera y Fernando Londoño. Se construyó entre 1976 y 1977 y ganó menciones de honor en la Bienal de Arquitectura de 1978 y la Primera Bienal de Arquitectura de Quito, que se celebró en 1978, y en la VII Bienal Colombiana de Arquitectura, en 1979. Se le conoce como Conjunto La Calleja, aunque Campuzano prefiere verlo como “un edificio acostado”. No es un conjunto de casas aisladas en serie sino un bloque de ocho viviendas con una gran área común que se comparte y que genera la sensación de comunidad.

Alguna vez tuve la oportunidad de entrar y uno de los detalles que más me llamó la atención fueron los parqueaderos, que están excavados a manera de semisótano y cubiertos por una zona verde en desnivel.

Este conjunto está delimitado por el parque que mencioné antes y una amplia zona verde que se prolonga hasta el borde mismo de la calle 127, aunque protegida del ruido por un seto impenetrable.

La Calleja Alta, un pequeño barrio que pasa inadvertido. Ese es su principal secreto: ser un rincón muy bien guardado.

 

 

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