Casemiro

Twitter: @udsnoexisten

Por Nicolás Samper

Uno se imagina al hombre viendo en una vitrina algún televisor prendido: el disparo de Kross que es rechazado y la pelota camina hacia el centro sin que ningún volante de Juventus alcance a captarlo. Ahí aparece el 14 como una fiera y le pega con fe, sin detener su carrera y sin importar si el balón entra o se va lejos. En su mente, lógico, la bola tendrá que viajar hacia la portería y es entonces cuando Khedira se atraviesa y desvía el rumbo de un balón fiero que desubica a Buffon -un arquero que nunca pierde la referencia- y que se cuela en el fondo del arco.

Ese 14 ya sabía de esas hazañas, de ahí su intentar de nuevo para ver qué pasaba. Ante Napoli es imposible no encontrar semejanzas porque la acción es igual porque parte de un chispazo de los habilidosos que se ensucia: esa vez contra los italianos los que se asociaron fueron Benzema y James hasta que un napolitano la sacó revoleándola pero corto, a un espacio vacío donde solo estaba el 14, Casemiro, el picapiedras. A él no le importa, caza la bola en el aire y se hace un golazo con sello de Cristiano o Bale.

Quién puede saber si el hombre del inicio de esta columna también lo agarró ese Real Madrid-Napoli en la calle. Y quién sabe si se detuvo a ver ese bombazo de Casemiro que destruyó a Nápoles. Quién sabe si ese hombre, el padre de Casemiro, sabe de sus hazañas. Un día los abandonó. El 14 tenía 3 años por ese entonces. La madre, Magda, se iba a trabajar todo el día como empleada en casas lejanas a la miseria y alcanzaba a dejar en la precaria cocina algún alimento para los niños. El 14, ya sabiendo cómo venía la mano, calentaba la comida y se las daba a sus hermanos.

Claro, les tocaba irse a vivir donde se pudiera: abundaba pobreza y no cabían en el mismo cuarto todos. Cuatro en un solo lugar, ahí apiñados. Un vecino, una tía, alguna amiga amable… cada noche el sueño del 14 y de su familia era incertidumbre en estado puro. Cada vez que se iba el sol había que pensar en soluciones para no ver la luna tan cerca.

Casemiro la peleó desde siempre y un día Zinedine Zidane entendió que requería algo de equilibrio y lo ensayó en medio del descrédito general. Y el 14 nunca más dejó de ser titular, salvo alguna expulsión extraña -a pesar de su rudeza los árbitros parecen condescendientes con su figura como en aquel duelo frente al Bayern Munich-. Si hay una clave de este Real Madrid campeón de Liga y Champions es el brasileño que un día, cuando empezó a sentir que el éxito podría reportarle en el banco una felicidad, llamó a Magda y le dijo que ya no tendría que limpiar nada más en su vida porque él había encontrado su triunfo en eso de hacer bien y mejor que nadie el trabajo sucio.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.
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