¡Apátridas!

@GuilloRodrig

Por Guillermo Rodríguez

Desde el inicio de los diálogos con las Farc en el año 2010, en el que el jefe de Gobierno envió nota en la que manifestaba su voluntad de iniciar conversaciones con ese grupo ilegal, el cual aún está en la lista de terroristas en el mundo, y denominado como el cartel de narcotraficantes más rico del planeta según diferentes agencias antidrogas, pues el jefe de Estado no les veía ningún reparo a las peticiones de las Farc en ese diálogo epistolar, que dio génesis a los acuerdos de paz entre el Gobierno Nacional y las Farc; para entonces muchas voces hicieron sus justos reparos a lo que podía ser una salida “negociada” al debilitamiento táctico de las Farc, a manos de la institucionalidad.

Los reparos surgieron sobre la posibilidad de que se les regalaran curules en el Congreso a las Farc, sin contar con el favor del pueblo colombiano, como también la viabilidad que los responsables por crímenes atroces y delitos de lesa humanidad fueran cobijados por la amnistía y el indulto, lo que se traduce en impunidad, los reparos tenían como eje el mal mensaje que se les enviaba a las nuevas generaciones, aquellas que por las bondades de la seguridad democrática y la recomposición a la dignidad institucional no vivieron los desmanes de las Farc, esa generación no conoció de las tomas a municipios, no conoció los secuestros masivos como el de la Asamblea del Valle y el edificio Miraflores en el Huila.

Tampoco conocieron de las mal llamadas ‘pescas milagrosas’, que convirtieron en toda una ‘aventura’ salir de Bogotá; los delitos de lesa humanidad a manos de las Farc en nombre de un pueblo inexistente que los respaldara; son innumerables las barbaridades cometidas contra pobladores inermes en los lugares más recónditos del país como para mencionar alguno, la masacre de Bojayá y el carro bomba al Club El Nogal, el cual ya están tratando de convertirlo con mentiras y estratagemas artificiosos como un crimen de guerra, como si en El Nogal se alojaran paramilitares, o peor aún, como si ese lugar fuese en su momento un “teatro” de operaciones en contra del terrorismo de las Farc.

Luego vinieron el fast-track, mecanismo inconstitucional para modificar las reglas contempladas en la carta política y hacer cambios a la creación de leyes de la república, y actos legislativos, es decir la claudicación de la institucionalidad disfrazada de legalidad, esa que tampoco vieron las nuevas generaciones, situación que pone en evidencia el abismo al que fue empujada Colombia, ya vienen la modificación o, mejor, la creación de una nueva ley estatutaria, ello para crear e incorporar a la Constitución política la justicia transicional, denominada también sofisticadamente “JEP”; hasta hoy solo existe una norma estatutaria de administración de justicia y había sido tan sagrada que data del año 1996, ley 270 de 1996.

De la mano de esa nueva norma de estatutaria, incorporada al bloque de constitucionalidad, vendrán los límites y restricciones a varias libertades públicas y derechos civiles, pero lo peor aún no se veía venir, buscan premiar a delincuentes internacionales cobijados con la insignia Farc, para que sean acogidos por la sociedad colombiana, como si fuera poco de tener que premiar a los delincuentes locales, ahora también hay que premiar a los bandidos forasteros, tales como el chileno ‘José Roberto Carrasco Pizarro’, quien hace parte del frente 21 de las Farc; ‘Facundo Morales o comandante Camilo’, también militante activo de las Farc, de nacionalidad argentina; la francesa ‘Nathalie Mistral’, quien milita en el frente 57, y la holandesa Tanja Nijmeijer, a quienes les regalarán la visa colombiana de residentes, y cuyos méritos han sido desangrar a Colombia. Quienes indican que vamos como Venezuela, hay que notificarles que estamos peor.

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