Un poco de fe

Caminando por las calles escuché a un testigo de Jehová tratando de convencer a alguien de aceptar uno de sus folletos, como si fuera una obligación aceptarlo para el peatón, quien, asustado, aceleraba sus pasos para dejar atrás aquel personaje. Sin embargo, el peatón no se salvó de un grito que le advertía sobre su inminente condena por rehusarse a recibir “la palabra” y su falta de fe.

Y aunque no coincido ni con los métodos ni planteamientos del testigo de Jehová, sí logró hacerme pensar sobre qué tipo de fe tenemos actualmente, sobre todo cuando la falta de análisis, la inmediatez y el estrés gobiernan en su mayoría el día a día.

Hay que creer para crear; por consiguiente, lo que creemos tiene en nosotros una fuerte influencia a tal punto que puede crear nuestra realidad. Si creemos que el día será fabuloso así será, pero si creemos que todo nos saldrá mal, existe también una gran probabilidad de convertirnos en profetas y ver que nuestro día es así de malo como lo imaginamos o incluso peor.

No creo que hayamos perdido la fe, pero sí que con el paso del tiempo en vez de aprender a buscarla y fortalecerla hemos permitido que se distraiga o, en el “mejor” de los casos, la hemos puesto en cosas absolutamente externas, perdiendo autonomía y control al hacerlo.

Necesitamos volver a creer, pero debemos empezar por creer en nosotros antes de endosar nuestra fe a algo o alguien más, creer en nuestras habilidades más que en nuestros miedos, en nuestra fuerza y capacidad de superarnos en vez de todas esas ideas limitantes que los demás han querido que creamos como verdaderas; necesitamos creer que podemos hacer de la vida lo que queramos que sea y no que las cosas que nos pasan son productos del azar o que somos víctimas del destino, que nos quiere condenar.

Quien no tiene fe en sí mismo, en sus sueños, anhelos e ideas, en sus habilidades y su capacidad de disfrutarlos, usarlos y superarlos, tal vez no se condena al infierno, como lo decía en la calle aquel testigo de Jehová, pero sí se condena a una vida de amargura, limitado por sus miedos, angustias y, peor aún, lleno de barreras autoimpuestas que no podrá ver porque se niega a ver otra realidad.

Un poco de fe en ti, en quien eres, en lo que vales, puede ser la llave que te permita llegar a tener una vida totalmente nueva, diferente y mejorada, pero que eso suceda depende exclusivamente de ti y aquello en lo que decidas creer.