La envidia

Por Zalman Ben-Chaim

Hace unos días mencionaba en estas líneas que criticar por criticar no es otra cosa que estorbar, y pensando un poco más en esto, encontraba que hay un rasgo que aunque prácticamente todos definimos como malo, negativo, poco constructivo e incluso venenoso, nos quedamos solo en la definición porque no nos apartamos de él, de hecho hay personas que parecen necesitarlo para vivir: la envidia. 

Muchas personas, cuando ven que otro gana más que ellas, lo primero que piensan es que esa persona debe estar haciendo algo raro para recibir un poco más; si lo que recibe es un reconocimiento, el primer comentario es que lo que hace no es para nada especial y que no tiene mérito para tenerlo, y bueno, ni qué decir si la persona se gana un Nobel de Paz…

Claramente todos podemos tener puntos de vista diferentes y tener una opinión propia frente a lo que a otros les suceda, pero cuando lo único que se hace es criticar los méritos o logros de otros (pequeños o grandes), lo único que se logra es reconocer implícitamente la incapacidad para lograr eso mismo o superarlo. Envidiar a otros no hace que nuestras virtudes, cualidades, dones o características mejoren; por el contrario, las limita e incluso puede borrarlas.

Tal vez uno de los mayores problemas de la envidia es que distorsiona nuestro foco, ya que nos lleva a concentrarnos más en otros que en nosotros mismos, conduciendo nuestra mente a pensar en las virtudes y/o logros de otros que nos parecen detestables, en vez de ocuparnos en fortalecer y mejorar las nuestras. La envidia nos lleva a pensar que vivimos en constante competencia con nuestro entorno, y peor aún, que cualquier logro tiene que estar validado por los demás y no por nosotros mismos.

Para una persona que se deja llevar por la envidia, todo eso va a llevarle a un único punto: no ser nada, no ser nadie. Sencillamente porque va a querer a toda costa buscar la aprobación de los demás y cuando descubra que no puede tener contentos a todos, la frustración va a hacer que lo deje de intentar; por otro lado, solo fijarse en lo malo que les parecen las cualidades de otros le llevará a anular todo lo que en realidad es.

Insisto, no es cuestión de estar de acuerdo con todo y no tener una opinión frente a nuestro entorno, es cuestión de abordarla de una manera diferente, reconociendo que los logros de otros tienen mérito y un rasgo positivo que podemos destacar e incluso del que podemos aprender; pero sobre todo, que podamos entender que aquello que nos define es la manera en la que nos vemos a nosotros mismos, y por ende, la verdadera competencia es para con nosotros, nuestras creencias y hábitos, ya que cuando logramos manejarlos, mejorarlos o redefinirlos, estamos a su vez redefiniendo nuestra propia vida, y con ello limpiándonos de ese rasgo común y nefasto: la sucia envidia.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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