¿La educación en moda en Colombia está vendiendo humo?

Por Nelson Rueda

La educación en moda es un sector que viene en crecimiento si se compara con la de hace un par de años. La moda en la actualidad se enfrenta con un incremento exponencial de información –principalmente digital– y con cambios que hacen que los programas educativos estén en constante reprogramación para brindarle las herramientas necesarias a este nuevo modelo de estudiante millennial que busca enlazarse a la demanda laboral y/o satisfacer su inmersión en el mercado como empresa independiente.

Sin embargo, la historia indica una desatención en el sistema educativo colombiano, que no compensa la inmediatez y oferta del mercado local para lograr una sinergia entre el mundo empresarial y universitario. Estando la moda categorizada entre el tipo de carrera con menos rentabilidad en el país, pero una con gran afluencia de estudiantes con el paso de los años, ¿vale la pena ingresar a un sistema educativo para hacer moda en Colombia?

“Lo primero que hay que entender es que el negocio de la moda cambió y sigue cambiando de una manera acelerada”, menciona Sandra Merchán, decana de Mercadeo de la Moda del LCI. “(En Colombia) somos jóvenes en consumir y producir moda local. Colombia es un país que se está adaptando a la era digital, pero que tiene en cuenta que no hubo una maduración previa en la cultura de la moda”. Y la cultura de la moda no solo se aprecia en la historia cultivada de generación en generación, sino en la forma como visualmente consumimos y expresamos moda. La razón por la cual un parisino siempre proyectará moda de manera diferencial a nosotros es debido a que la exposición inconsciente, a no solo grandes marcas y tiendas de moda, sino también a la diversidad visual en la calle, es constante. El consumidor colombiano tiene un ritmo diferente, a pesar de que estamos digitalmente expuestos de la misma forma que países desarrollados. La ropa no se encuentra dentro de nuestras necesidades prioritarias y resaltar con nuestro vestir entre la sociedad no se encuentra dentro de nuestros objetivos diarios.  

La respuesta entonces no es replicar la cultura moda “exitosa” de otros países –la cual nos lleva ventaja en años–, sino darles las herramientas educativas adecuadas a las personas que están construyendo moda en esta nueva era digital para que puedan traducir la información global en información local sostenible, más sólida, que se perpetúe en los años subsecuentes y que últimamente pueda ser rastreada en el tiempo. De lo contrario estaremos intentando adaptar o copiar un movimiento o subcultura que, aunque sea vanguardista, no podrá encajar dentro de los parámetros sociales y comportamentales del consumidor. Esto explicaría en parte por qué fenómenos como tendencias o modelos de negocio mundiales no se trasladan exitosamente en el mercado nacional.

“Los tiempos de la moda son diferentes. El mundo de la moda cada vez va más rápido”, menciona Sandra Merchán. La educación universitaria en moda dura aproximadamente entre cuatro y cinco años para darle no solo experiencia y herramientas al estudiante, sino seguridad verosímil en   cuanto a competencia en el campo laboral. En Colombia todavía existe el debate –estigma– sobre la visión de las tecnicaturas como educación de poca calidad y no tan bien vista en el ojo de los empleadores. Pero, ¿realmente la duración de los años en la academia es proporcional a las ofertas laborales? “El estudiante quiere empezar a desarrollarse en un campo de acción y ver un retorno a la inversión. Pienso que se puede realizar en programas menos largos desde que el programa esté muy bien estructurado y sea de alta calidad”, finaliza Merchán. No es de sorprenderse que haya programas largos que cuando se terminan y se ponen en un ámbito laboral en Colombia no funcionan, o programas cortos que no brindan las suficientes herramientas para acaparar un puesto. Pero también los estudiantes, al sumergirse en sueños de ser Karl Lagerfeld o Diana Vreeland, no ponen los pies en la tierra de la situación local y los potenciales campos de acción, perdiendo consecuentemente el rumbo –o probablemente frustrándose en el transcurso–.  

Entonces, es recordar que vivimos en un país con una historia de moda adolescente en comparación con el modelo europeo. Que frente a eso no hay nada que hacer salvo consolidar lo que localmente podemos ofrecer por medio de programas de calidad para desenvolvernos en un área laboral cambiante, independiente de su duración, para construir una cultura de moda.

*Las opiniones expresadas por el columnista no representan necesariamente las de PUBLIMETRO Colombia S.A.S.

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