Made in Cool-ombia

Andrés Ospina, escritor y realizador de radio/ @elblogotazo

Por Publimetro Colombia

Primero hablábamos chibcha. Luego (armados de garrote y devocionario como recursos didácticos, en obediencia a la real cédula del 16 de abril de 1770, sancionada por Carlos III) nos obligaron a aprender castellano. Ahora, por decisión o negligencia propias, balbuceamos un revoltijo de español, inglés y otras cosas empleadas con rampante torpeza.

No sorprende que en Colombia, territorio infértil para el bilingüismo, nuestro idioma nativo haya cedido su lugar a otro: importado, nacionalizado y deformado a la fuerza. Sin el ánimo de enarbolar las banderas del mamertismo, es de lamentar que las costumbres del imperio se impongan, puras o desfiguradas. Consecuencias infortunadas de eso a lo que llaman hibridación.

¿Para qué decir sticker, flyer o voucher si las palabras ‘calcomanía’, ‘volante’ y ‘recibo’ cumplen su función con decoro y eficacia?

Hoy resulta habitual llamar al Facebook ‘Face’ (en lugar de un más sensato ‘Book’); o pedir al interlocutor que “te mande un inbox”, equivalente literal a la incoherencia de solicitarle a alguien que te envíe una “bandeja de entrada”.

Entre la antología de errores está la pluralización del término ‘fan’ (entendido como fanático y no como ventilador). Y los consecuentes barbarismos de frases como “soy ‘fans’ de Jiggy Drama” o “quiero un ‘muffins’”.

Es un cosmopolitismo falso y puramente cosmético. Alguna vez oí a Otty Patiño hablar del ‘status quo’, expresión que evidenciaba cierta falta de ‘status’ por parte del hablante, pues lo adecuado habría sido aludir al ‘statu quo’. El tal ‘status’ solo sería soportable si proviniera de la banda que lleva dicho nombre, intérpretes del clásico ‘In the army now’.

No tiene nada de extraño al venir de una sociedad en la que se cultiva el ordinarísimo hábito de referirse a la cocina india como ‘cocina hindú’, tan absurdo como hablar de ‘cocina católica’ o musulmana.

Mucha de la autoría intelectual corresponde a publicistas, responsables del acuñamiento de las expresiones focus group o consulting. Pero hay otros sindicados. En las conciencias de la Real Academia Española (entidad caracterizada por terminar considerando aceptable eso mismo que una vez condenara con vehemencia) resuenan varias culpas. ¿No es una completa chabacanería haber convertido al ‘CD ROM’, al que algunos palurdos pretenciosos llamaban ‘CD ROOM’, en un espantoso ‘cederrón’? Más allá de cuán correctas sean, palabras castellanizadas como ‘esmoquin’, ‘cruasán’ y ‘jonrón’ siempre harán lucir burdo al escribiente.

En la terminología futbolística las cosas van a la inversa. Hasta comienzos de los ochenta del siglo XX un tiro de esquina era un corner; una falta, un foul; y un cobro desde el punto penal, un penalty. Aunque se agradece su reciente traducción, mal haríamos en dejar de señalar que gracias a locutores y comentaristas, términos como ‘recepcionar’ o ‘saltabilidad’ campean en nuestro panorama idiomático.

Nada de lo anterior sorprende. Después de todo… ¿qué puede esperarse de una tierra acomplejada y sometida, que de lo malo siempre escoge lo peor? Esa es nuestra Cool-ombia.
 

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