Regreso

Por Adriana Jaramillo @seligmannad.

Por Publimetro Colombia

En esta columna he querido dar voz a tantos colombianos que pasaron algunos de sus mejores años en España y ahora que han vuelto comparten su experiencia de retorno. Cedo este espacio para que hablen ellos:

Jorge: “Tomé la decisión de regresar dada la precaria situación laboral en Madrid. No ha sido fácil. Se acostumbra uno a vivir en la tranquilidad, la calidad de los servicios públicos y la seguridad social que están años luz de diferencia. He encontrado a una Bogotá con muchas heridas en su infraestructura, en su movilidad, pero con unas ganas enormes de seguir avanzando. La gente no pierde su alegría y optimismo, lo que me reconcilia con mi país a pesar de los pesares. Por supuesto que extraño Madrid, han sido diez años. Si no hubiera sido por la tan cacareada crisis, lo más seguro es que aún estuviese allí”.

René: “Me fui para España en octubre de 2005 a hacer una especialización en diseño y gestión de exposiciones y museos, y estuve trabajando en una oficina de arquitectos. En junio de 2010 hubo un “recorte de personal” y ahí caí. Al comienzo me lo tomé como un año sabático, podía cobrar el paro (seguro de desempleo), pero claramente no estamos educados bajo esa cultura, así que al mes ya estaba buscando trabajo. Colaboré con arquitectos amigos en cosas puntuales, pero se empezó a afectar todo mi entorno. Después de un año de dar vueltas finalmente me devolví. Apenas llegué fue horrible, de entrada la calle te recibe con agresividad, si le das paso a una persona mayor te empiezan a pitar, si frenas en un cruce fácilmente te pueden estrellar por detrás, la gente se te cuela y se hacen los pendejos (tal vez es lo que más rabia me da). Hay una informalidad gigante, te quedan mal, y es muy difícil volver a entrar a una sociedad como la bogotana de cuánto tienes cuánto vales. A los 30 ya debes tener casa, carro, beca y un labrador, de lo contrario estás quedado. Eso sí, hay trabajo, y como dice el 80% de los colombianos, que como en Colombia no se vive en ningún otro sitio, me gustaría poder invitarlos a una noche de tapas por Madrid”.


 Maria José:
“El camino de regreso no ha sido fácil. Vine con mi marido español y mis dos gatos. Para él también ha sido difícil. Desde el desagradable trato con los bancos colombianos,  hasta las relaciones comerciales con nuestros coterráneos.  Yo nunca había sido consciente de que el colombiano no sabe decir “no”. Detrás de nuestra  “amabilidad” y “dulzura al hablar” que tanto llaman la atención de los extranjeros, se esconde un temor  visceral  a decir “No gracias, no me interesa”, que cambiamos por “Tu proyecto me interesa muchísimo, llámame la próxima semana”. Al principio, acostumbrada a la sinceridad y frialdad españolas, creímos de verdad que nuestro producto iba a arrasar. Con el tiempo y después de muchos dolores de cabeza hemos aprendido a leer entre líneas esos mensajes encriptados de los colombianos”.

 Ana: “Tengo dos hijos y mi mayor motivación para volver fue mi familia. Quiero que vivan lo que es tener una familia típica colombiana, es decir la unidad, las celebraciones, asados, chimeneas, cumpleaños, todo lo que encierra la familiaridad colombiana. Estamos todos muy contentos, pero mi marido tiene muy claro que nuestra residencia debe estar allá. Él tiene que regresar a España en un mes pues termina su periodo de excedencia. A mi todavía me queda un año más, pero no sé, por lo que me cuentan, quizás cuando regrese a esas tierras la empresa en la que trabajo, y en la que también estoy en periodo de excedencia, ya no exista”.


Alejandro:
“Los motivos de mi regreso a Bogotá fueron dos: el desamor y la falta de oportunidades. El desamor porque me separé después de diez años de matrimonio y la falta de oportunidades porque a pesar de haber homologado mi título de abogado y de haber hecho un máster nunca pude ejercer mi profesión. Sin amor, sin trabajo y viendo el panorama de la economía en España, con todo el dolor del mundo volví a Colombia. Me ha costado darme cuenta de que después de muchos años hay muchas cosas que no han cambiado, para mal. Y me hace gracia la gente que piensa que el desarrollo de una ciudad se mide por el número de centros comerciales que se construyan o la modernidad de sus edificaciones. En ese sentido sí he notado “desarrollo”, pero en las cosas que hacen que una sociedad tenga calidad de vida, no. Por ejemplo, Bogotá es una ciudad hecha y pensada para los carros y para los conductores, y no para los peatones o ciclistas. Los trancones interminables, la contaminación, la falta de civismo al conducir son cosas a las que creo que nunca me podré acostumbrar. De España extraño muchas cosas: el mediterráneo, la buena comida, los inviernos soleados, la sensación de seguridad, las estaciones, los días largos de verano y el sentido de respeto por las diferencias que hay en Europa”.

 

Contenido Patrocinado
Loading...
Revisa el siguiente artículo