De la resiliencia a la resistencia: las cantadoras de Bojayá

En Bogotá estuvieron para presentarse ante más de 10.000 personas en el TedxBogotá, pero su historia refleja el olvido estatal hacia las víctimas.

Por Mauricio Barrantes

Pareciera necesario recordar que el dos de mayo del 2002, la guerrilla de las FARC lanzó un cilindro bomba que mató a 79 personas en la iglesia de Bellavista, en el municipio de Bojayá. Previo a la masacre, se habían emitido alertas sobre los enfrentamientos entre las FARC y los paramilitares, que hacían inminente una intervención del Gobierno para proteger a la población. Las alertas fueron desconocidas y la comunidad recibió ayuda solo dos días después por parte de las autoridades civiles y cuatro días después por parte de las Fuerzas Militares.

“Nosotras vivimos algo muy duro en la cabecera municipal de Bojayá”, dice Luz Marina Cañola, que hace parte del grupo de alabaos “Voces de Resistencia” y a quien le cuesta creer que los periodistas puedan tener buenas intenciones. “Acá en Bogotá la gente no se da cuenta de nada”, insiste mientras busca aprobación en las miradas de sus compañeras Yennifer, Eugenia, Rosa Apulia, Esmila y Rosmira. Sus rostros reflejan no solo el cansancio del día, sino el peso de décadas de conflicto en una región que ha sufrido por culpa del abandono estatal.

Las cantadoras estuvieron en uno de los momentos más importantes de la historia reciente del país, cuando en Cartagena se dio la firma del acuerdo de paz entre las FARC y el Gobierno, el 26 de septiembre de 2016. Juan Manuel Santos, Rodrigo Londoño, periodistas, políticos y la comunidad internacional escucharon a través de los alabaos frases como “pedimos a los violentos, no más repetición”. Días después, el dos de octubre, el “no” ganó en Colombia en el plebiscito para refrendar los acuerdos de paz, mientras que en Bojayá el “sí” obtuvo un respaldo del 96%. Yennifer, Eugenia, Rosa Apulia, Esmila, Rosmira y Luz Marina recuerdan con nostalgia ese momento, más por lo que les ha tocado vivir. “El derrame que ha habido es gota a gota, además del desplazamiento. Acá en Bogotá la gente no se da cuenta de eso, ahí es donde no sabemos para dónde vamos, porque en Colombia las víctimas somos muchas”, dice con firmeza Luz Marina.

Los alabaos son cánticos fúnebres utilizados en el Pacífico colombiano para el paso hacia la muerte de los seres queridos. Con el tiempo, han sido fundamentales para la construcción de la memoria histórica y como una forma de sanación en regiones afectadas por el conflicto. “Con los alabaos hemos hecho resistencia y además hemos tratado de mitigar el dolor que tenemos por la violencia”, dice Luz Marina.

De los cánticos de Cartagena, frases como: “Oiga señor presidente, hágasenos para acá y con esos otros grupos díganos qué va a pasar" cobran hoy especial relevancia. La influencia del Clan del Golfo y del ELN en Chocó es cada vez mayor, siendo una de las principales problemáticas que afecta la seguridad de los habitantes de esta zona del país. Es por eso que las cantadoras sienten que hay un abandono por parte del Estado, un abandono histórico del que se tiene registro en documentos del Centro Nacional de Memoria Histórica. En el libro, Bojayá: la guerra sin límites se incluye un comunicado de septiembre de 1999, en el que la comunidad de Bojayá asegura y pide al Gobierno y a los grupos armados:

“La violencia que vivimos por el conflicto armado no es la única en nuestro medio, desde hace muchos años padecemos de una violencia estructural, aquella que nos discrimina y margina cada vez que nos empobrece más. También exigimos al gobierno nacional, departamental y municipal, mayor atención en inversión en salud, educación, comunicación, vivienda, acueducto, alcantarillado a nivel urbano y rural”.

Cerca de 20 años han pasado de la petición que hizo la comunidad. En ese periodo de tiempo se dio una de las peores masacres del conflicto armado. Fue noticia el perdón de las FARC por dicha masacre. Fue noticia también que en Bojayá ganara el sí en el plebiscito con una amplia mayoría. Es noticia cada vez que las cantadoras utilizan sus alabaos para sanar su dolor. Es noticia que el ELN y las bandas criminales mantienen enfrentamientos en la zona. Sin embargo, es necesario recordar lo que pasó el dos de mayo de 2002 porque la reparación y la presencia del Estado en Bojayá siguen sin ser noticia ni ser una realidad.

¿Cómo ven lo que está pasando a nivel político en el país?

¿No compromete contestar esta pregunta? Mejor no meternos en ese campo, porque Colombia está envuelta en un desastre y nosotros no queremos hablar de nada que nos comprometa.

¿Temen por su seguridad?

Sí. Donde nosotras vivimos, ni se imagina cómo es. Es mejor no. Donde nosotras vivimos, no tenemos una ley, únicamente un consejo comunitario. Entonces no podemos decir así cualquier cosa sin tener un respaldo, entonces por eso nos quedamos neutras.

Con el acuerdo de paz, ¿las cosas han cambiado?

Muy poquito. Cambios mínimos. Son tantas cosas que hemos vivido y hemos resistido. Hemos sido muy fuertes y también por eso queremos dar a conocer y que reconozcan a nivel nacional las problemáticas que hemos venido pasando, para que así mismo nos den un apoyo, puede ser psicológico, porque son cosas muy duras.

¿La comunidad no ha recibido apoyo psicológico?

La verdad es que no mucho. Insuficiente por todo lo que ha pasado y para subsanar todo lo que hemos vivido.

 ¿Es decir que la reparación ha sido mínima?

Sí, con todo lo que pasó la mayoría vive pobre y no hemos recibido un buen beneficio. Hemos sido desplazados, retornamos y hemos estado resistiendo.

¿Qué opinión tienen de quienes fueron sus agresores?

Guardamos la esperanza que se conserve realmente lo acordado en la resolución de paz.

Pero ustedes dijeron que no han visto muchos cambios

Cambios como tal no, pero como eran las cosas antes, sí hemos vivido un cambiecito. Muy poquito porque la gente vive muy tensionada.

¿Persiste el miedo?

Sí.

¿Cómo ven a los medios de comunicación y su responsabilidad de contar la historia?

Es valiente también porque uno ve que los periodistas también llevan del bulto y no se rinden y siguen elaborando su trabajo. Ha sido valiente. Nosotros también nos podemos equivocar y decir frases que sean comprometedoras.

¿Creen que pueden llegar a sensibilizar a las personas que nunca han tenido que vivir el conflicto a través de los alabaos?

 Algunas pensamos que no sientan nada, pero otros sí porque simplemente ver lo que nosotras hacemos, lo que nosotros inspiramos en los alabaos que cantamos es como sentir el dolor de lo que ha pasado en nuestras comunidades. Entonces pensamos la gente se puede conmover y acogernos por ese lado. En ese caso es sentir el dolor ajeno.

¿Qué sienten cada vez que salen a un escenario?

Si uno tiene un dolor, uno invoca el canto y uno siente que desahoga, uno siente otro ambiente.

En Bogotá se vive otro país completamente distinto al de las regiones y a veces se olvida lo que pasa en los territorios, ¿eso cómo las ha impactado?

Muchas personas desconocen lo que hemos vivido y es la gran oportunidad de darles a conocer lo que ha pasado, lo que hemos sentido y a través de los alabaos es una forma más fácil de que ellos interpreten todo lo que hemos vivido.

Más allá de lo político, ¿qué esperan que haga el Estado para darle mayor atención a las víctimas y a las regiones?

Hacernos reconocer en todo el país para que así mismo ellos interpreten todo que reflejen lo que nosotras hacemos. En el alabao se refleja todo.

¿Qué esperan que pase en Colombia a futuro?

Queremos que haya un cambio y un avance para todo el país. Lo que nos interesa es que baje la violencia. Que sea para todos. La resistencia. Lo que cantamos, con esos cantos hacemos resistencia. Siempre es significativo todo a través del alabao, siempre reflejamos lo que sentimos a través del alabao.

¿De qué manera se puede resistir?

Nuestra comunidad lo ha hecho a través de la cultura, porque es lo que hemos hallado para tener una resistencia.

Fotografía de Diana Hernández S. Cantadoras de Bojayá. / Fotografía de Diana Hernández S.
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