Jóvenes de décimo grado se ganaron un cupo en la COP 24 con sus inventos para cuidar el medio ambiente

En esta cumbre mundial de cambio climático serán discutidas las iniciativas propuestas por los jóvenes, que surgieron a partir del trabajo en un aula de clase.

Por María Paula Suárez Navas

La COP 24 es la vigésimo cuarta Conferencia de las Partes sobre el Cambio Climático, auspiciada por la ONU, celebrada cada año desde 1995. Esta vez la reunión se llevará a cabo entre el 3 y el 14 de diciembre de 2018, en la ciudad de Katowice (Polonia), y allí llegarán tres jóvenes colombianos, estudiantes de décimo grado, para representar al país.

Las 15 iniciativas que se van a presentar surgieron a raíz de un proyecto escolar en el que los estudiantes debían encontrar una solución para ayudar a la adaptación o mitigación del cambio climático.

Los adolescentes son estudiantes del Gimnasio Los Caobos, de Bogotá, institución que se ha caracterizado por su sólida formación en el cuidado por el medio ambiente y un modelo de aprendizaje en el que los estudiantes son los protagonistas.

Entre los inventos que se van a presentar están una cobija que guarda el calor corporal y lo convierte en energía eléctrica para cargar el celular, una celda piezoeléctrica para iluminar las vías públicas que funciona transformando la energía que genera el contacto de los carros con el pavimento, y una novedosa manera de devolverle la fertilidad a la tierra mediante procesos físicos y químicos, entre otros.

“La idea de mi proyecto surgió porque queríamos competir con las diferentes energías renovables, como la eólica y la solar, y nos pareció que la energía térmica no se estaba utilizando muy a menudo”, explica Michael Martínez, uno de los creadores de la cobija.

“Por las noches la cobija absorbe el calor corporal de las personas y lo convierte en electricidad para cargar el celular. Funciona mediante placas y un disipador que ayuda a mejorar su rendimiento”, explica Martínez. “En sí lo más difícil fue el diseño y el descubrir cómo transformar el calor a energía”, comenta.

Por su parte, Mateo Erazo, explica que la idea de su grupo también surgió al pensar cómo podía buscar una nueva alternativa de energía diferente a las tradicionales.

“El invento consiste en una celda piezoeléctrica que tiene la capacidad de transformar la energía mecánica a energía eléctrica mediante una polarización de polos dentro de sus átomos. Tales cristales se encuentran en la naturaleza, como el cuarzo. La idea es que haya celdas que contengan estos cristales. La celda, que de pone en el pavimento, está recubierta por un resorte, y encima tiene una plataforma por la que pasa el automóvil. La presión que genera el vehículo, que es energía mecánica, va al piezoeléctrico y se transforma en energía eléctrica, que viaja a través de cables a los postes de luz. Así se pueden iluminar vías de larga distancia”, explica Erazo.

Con estos inventos sería la tercera vez que el colegio donde estudian estos jóvenes participa en representación de Colombia en un evento de importancia mundial en estos temas, pues también lo hizo en el marco de COP 21 en Francia y COP 22 en Marruecos.

Y es que el colegio se hizo fuerte en el tema ambiental por su propia estrategia pedagógica. “Nosotros estamos trabajando aprendizaje basado en proyectos”, explica Luz Estela Guarín, profesora y coordinadora de estos proyectos.

“Esta es una metodología educativa que pone a los estudiantes como protagonistas de su propio aprendizaje. Nosotros renunciamos a una educación tradicional que busca pasivamente que los niños adquieran conocimientos que deban repetir en evaluaciones, por el contrario, los enfrentamos a retos”, afirma Guarín.

Para esta maestra, todo parte de la siguiente reflexión: “De los niños y de los adolescentes se espera que cuando cumplan 25 o 30 años sean personas exitosas que resuelvan problemas, que sean líderes, que ayuden a su comunidad, pero cometemos el error de que no los preparamos para eso. (…) Si desde niños los estamos enfrentando a retos en los que se les obligue a dar lo mejor de sí mismos, a dar soluciones y a innovar, ellos pondrán en funcionamiento todas sus capacidades y al crecer tendrán muy claro cuáles son sus talentos”.

Y eso se refleja en el pensamiento de estos jóvenes quienes ya no ven el cuidado del medio ambiente como una tarea maratónica, sino como algo que más bien depende de ponerse manos a la obra.

“Es muy sencillo aportar al cuidado del medio ambiente. No es necesario hacer acciones tan grandes, mientras muchas personas las lleven a cabo. Basta con botar una botella donde debe ser o reciclarla. Se puede asegurar un cambio mientras la sociedad esté unida”, dice con convicción el estudiante Michael Martínez.

Mientras tanto, para Jorge León, la solución está en las leyes y la política pública: “Nosotros somos los países menos emisores de gases de efecto invernadero y vamos a ser quienes más sufrimos las consecuencias. Al salir del colegio quiero estudiar derecho y filosofía y quiero dedicarme al mundo académico, porque desde allí se pueden plantear políticas públicas que incorporen el cambio climático”.

 

 

 

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