“Que Peñalosa siga no le conviene a Bogotá, pero a mí sí”, Gustavo Petro

Uno de los precandidatos con más visibilidad en el país, exalcalde de la capital y que aspira a extender su propuesta de ‘Colombia Humana’, habló con PUBLIMETRO de Peñalosa, del ‘castrochavismo’ y de las Farc. Espera recoger un millón de firmas y ganar con el progresismo en 2018

Por Natalia Martinez

Su capital político está en Bogotá y en la Costa Caribe, ¿qué va a hacer con el resto del país para ganar la Presidencia?

Fui candidato presidencial en 2010 e hice una campaña nacional. En ese entonces, saqué 1.340.000 votos, empaté con Vargas Lleras y obviamente nos ganó Santos, que se convirtió en presidente. Es una experiencia que permitió un conocimiento de país, una cercanía, la construcción de unas sintonías con partes importantes de Colombia.

En el Caribe, en ese momento, me convertí en la primera fuerza, empaté con Santos, y en Bogotá, debido a la crisis de Samuel moreno, no tuvimos la misma suerte. Pero recomenzar una presencia nacional no es fácil.

¿Qué opina de los que dicen que su gobierno sería la implementación del ‘castrochavismo’?

Si alguien asemejó la economía colombiana a la venezolana fueron Andrés Pastrana y Álvaro Uribe. Paradójico, pero es la realidad. Colombia era un país agrario, tenía un incipiente proceso de industrialización en ciudades como Bogotá y Medellín. El Eje Cafetero tenía más capacidad de generar puestos de trabajo productivos y de un momento a otro vino la crisis de la industria. Una escisión de las élites colombianas y el camino fácil se convirtió en vivir de la renta del petróleo y el carbón, igual que los venezolanos. Con los gobiernos de Uribe y Santos no cambió la situación. Hemos perdido la capacidad de producir alimentos, los importamos. Cualquier crisis cambiaria puede traer hambre a Colombia, como en Venezuela.

Quien está planteando salir de ese modelo económico y pasar a uno intensivo en producción de alimentos y en la industrialización e incluso con cooperativas industriales en el pequeño y mediano municipio soy yo. Y ese modelo es completamente diferente al que existe en Venezuela.

¿Cómo, con la polarización que existe en torno a su figura?

Yo pienso que cuando se plantean tesis válidas, tesis con peso suficiente, siempre se provoca que unos ataquen y otros apoyen. Si las tesis fueran inocuas habría una mayor popularidad. Nadie crítica que dos más dos son cuatro. Pero plantearse salir del petróleo y del carbón, plantearse crear una banca pública, proponer un modelo de salud que garantice la atención médica a la totalidad de los colombianos, brindada por el Estado, plantearse quitar los recursos del ahorro de los pensionados a los banqueros, son posturas que siempre van a desatar amigos y amigas, pero también personas que pierden, sobre todo los dueños de los bancos, de los grandes latifundios, de la violencia con el narcotráfico, los dueños de la corrupción van a luchar contra lo que planteamos. Eso se puede ver como polarización, pero en realidad, una sociedad tiene que aprender a valorar posiciones.

¿Ve posible una alianza con los independientes?

Independientemente de los nombres y los colores, hay unas fuerzas en Colombia que quieren el progresismo, que son democráticas y quisieran llevar al país al siglo XXI y yo creo que pueden ser mayoría para la Presidencia y se pueden volver eficaces en la medida en que se junten.  Esa convocatoria la estamos haciendo. Creo que en contra hay cierto pensamiento de algunos dirigentes que hacen parte de esas fuerzas progresistas, que se han aniquilado internamente, que piensan que no es posible gobernar y entonces ven las elecciones como una simple participación y de antemano les dan la victoria a los rivales. Hoy el progresismo tiene que prepararse, lo convoco a eso. Para gobernar desde 2018 debe cambiar su mentalidad de derrotado por una mentalidad de ser alternativa de poder.

¿Y las Farc?

Yo pienso que ellos deben tener su espacio para pensar la política. Salen de una situación llena de odios, de venganzas de la guerra. Tienen unas posibilidades que les da su propio acuerdo para transitar hacia un ejercicio político pacifico. Las Farc tienen problemas, indudablemente, los territorios que abandonan se están paramilitarizando y el peligro de la muerte acecha. El próximo gobierno será determinante porque tendrá que decidir si genera la muerte o genera la vida, pero yo creo que hay que darles a las Farc el espacio de reconciliación con la sociedad, que pasa por pensar la política en términos pacíficos, que eso no se podrá lograr de inmediato.

Para mucha gente es usted quien está detrás de la
revocatoria de Peñalosa

Algunos interesados en la prensa y en la política lo han querido ver así. Yo, al contrario, siento que la presencia de Peñalosa en el gobierno me ha dado fuerza, sea porque la gente pudo comparar en la práctica, en la vida misma, lo que es su gobierno y lo que fue el mío. Eso ha permitido que cerca de 30% del electorado bogotano me quiera ver como presidente de la República. Contrario a lo que dicen los interesados de la política, que soy el gran conspirador, que Peñalosa siga no le conviene a Bogotá, pero a mí sí. Ahora, eso es otro problema porque el daño puede ser irreparable.

Muchos dicen que le fue imposible gobernar en Bogotá porque no lo dejaron… ¿cómo haría para que no le suceda en la Presidencia?

Nosotros dejamos los mejores indicadores sociales, los mejores indicadores financieros y económicos de la historia de Bogotá y desde ese punto de vista logramos lo que queríamos y gobernamos. ¿Que se iban a oponer? Lo teníamos calculado, no fue una sorpresa. Pero, ¿cómo no va a ser un éxito bajar los índices de pobreza de 50% en 2002 al 4%?

¿Que hubiéramos querido hacer otras cosas y no nos dejaron? Sí. ¿Que había la propuesta de endeudar a la ciudad para financiar 100% el metro subterráneo, una medida posible, audaz, pero solo se podía hacer con el Concejo? Sí. Estoy convencido de que hubiéramos podido hacer más sedes universitarias, hubiéramos podido implementar la energía solar desde la empresa de energía de Bogotá, el esfuerzo hubiera podido ser mayor. Con menos miedo en la Administración hubiéramos podido expropiar con indemnización las tierras de la reserva Van der Hammen y no estaríamos en estas. Dejé $110.000 millones para eso y por miedo no lo hicimos.

Siempre ha hablado de persecución, ¿se siente amenazado?

Hace mucho que mi vida corre peligro. A mí me han amenazado, mi familia fue ‘chuzada’ en tiempos de Uribe, exiliada. Descubrí tres intentos de asesinato en mi contra y los denuncié; me destituyeron, me embargaron por $80 millones de dólares, planean un embargo por $200 millones más. No puedo emplearme, no puedo tener ingresos, no puedo tener cuentas, vivo una situación difícil porque perdí lo poco que tenía y sin embargo acá estamos y la decisión es dar la batalla, que puede ser mi última batalla.

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