Vereda Orejón, ejemplo de un país en posconflicto

En esa pequeña población de Antioquia se concentraron todas las fuerzas del Estado para que tuvieran una paz conjunta.

Por María Esperanza Arias Herrera

En el marco del acuerdo de paz con las Farc, la vereda Orejón se transformó en el laboratorio del posconflicto, donde empezaron a desarrollarse programas y obras desde muy temprano para permitirle a sus habitantes vivir una paz completa.

Y así fue. Pocos meses después de la firma de la paz, esta población perteneciente a Briceño, Antioquia, empezó a ver cambios contundentes.

El Orejón fue uno de los pueblos más afectados por la violencia y sus habitantes recuerdan que antes se referían a ellos como “el pueblo más minado de Colombia”. Además de eso, siempre criticaron la ausencia del Estado.

Por eso este lugar fue el que primero apareció en la mente de los negociadores de paz en La Habana cuando tuvieron que implementar el programa de desminado humanitario.

“El Orejón era tal vez de los sitios donde había más intensidad de minas, el número de personas que fueron afectadas por estas minas es altísimo”, dijo el presidente Juan Manuel Santos en una de las visitas a la población, quien recordó que cuando empezó el programa, en julio de 2015, el soldado profesional Wilson Martínez Jaraba pisó una mina y murió.

Fue en ese momento cuando los mismos habitantes le exigieron al Gobierno una paz completa, que les garantizara no volver a vivir el horror de la guerra.

Entonces se creó un plan piloto, de la mano de la comunidad, llamado Estrategia Integral de Desarrollo Social y Territorial.

En ese plan intervino el equipo Plan Fronteras Para la Prosperidad (PFP) de la Cancillería más 23 entidades del Estado que coordinaron la ejecución de las obras y otros proyectos.

Para mediados de mayo, los 112 habitantes de la vereda Orejón vieron su sueño hecho realidad.

“Yo sí estoy decidido a cambiar de vida. Esperaba tener al Presidente para que, en conjunto, hiciéramos un trabajo de lo hemos venido haciendo durante dos años, que hoy vemos que está llegando a la realidad”, manifestó en su momento el campesino Bernardo Peláez, quien reconoció que antes se dedicaba a la siembra de cultivos ilícitos, pero cuando empezó a ver los cambios se animó a reemplazar las hojas de coca por plátano.

Los proyectos

Junto con el desminado humanitario, empezaron a implementar 17 proyectos avaluados en $22.339 millones de pesos que ayudarían a mejorar sustancialmente las vidas de los habitantes de Orejón y las veredas aledañas.

Con el apoyo del equipo del PFP se realizaron varios talleres participativos donde ellos mismos empezaron a plantear sus necesidades y a priorizar los proyectos que necesitaban del Gobierno.

En total, según la Cancillería, las personas beneficiadas se calculan en 7.859 habitantes de cinco pequeñas poblaciones del municipio de Briceño.

Entre los proyectos estaba mejorar la movilización, la educación para los niños de la zona con una nueva escuela y una biblioteca, además de apoyar cultivos de alimentos para su propio consumo y potabilizar el agua de los municipios cercanos.

Además de los talleres, empezaron obras para la construcción de un puente y hasta un colegio que contó con la colaboración de la Agencia de Cooperación de Turquía.

“Cuando empezó el desminado acá, a mí me pareció correcto escribir esto, y no lo he cambiado por eso, dice: la vereda El Orejón camina hacia la paz, la esperanza y la prosperidad”, indicó un campesino de la población que escribió en un cartel el mensaje de paz.

Sustitución de cultivos

Luego del desminado, quienes habitan la zona se comprometieron a reemplazar los cultivos ilícitos por legales que les permitieran tener una vida más tranquila.

La implementación del Programa Nacional Integral de Sustitución Voluntaria de Cultivos de Uso Ilícito (Pnis), ya se desarrollaba en varios sitios del país, pero que empezara en el Orejón le brindaba a la comunidad un panorama más amplio del posconflicto, ya que beneficia a mil familias de 11 veredas, cultivadores, dueños de tierras y recolectores de coca.

“Eso es lo que queremos hacer en todos los municipios de Colombia, cambiar la coca por cultivos lícitos y cambiar la violencia por el desarrollo y la prosperidad”, manifestó Santos.

Y es lo que el resto del país espera, que la misma labor que realizaron en la vereda Orejón, se replique en el resto de las poblaciones víctimas de Colombia.

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