"Nuestras escoltas están infiltradas para asesinarnos": Piedad Córdoba

La abogada y excongresista medellinense de 62 años se lanzó a la contienda electoral de 2018 y se propone ganar la Presidencia lejos de cualquier filiación política. Habló con PUBLIMETRO y le contó sobre el problema de seguridad que afronta, sus aspiraciones y el peligro en el que estarían los exguerrilleros de las Farc tras la firma del acuerdo de paz

Por Natalia Martinez

¿Por qué decidió lanzarse ahora?

Quiero un país mejor. Mi lanzamiento responde a la demanda impostergable de cambio que tiene Colombia. Los colombianos merecemos vivir mejor, y para eso tenemos que dejar atrás una larga etapa histórica, oscura, dominada por una élite ajena a los graves problemas sociales y económicos que nos aquejan. El acuerdo de paz sin dudas va a abrir un escenario electoral inédito en la historia.

¿Por qué se lanzó por el sector independiente? Muchos pensaban que esperaría a las Farc y su organización política para ser su candidata…

No me consta que la gente pensara eso. Yo me presento de manera independiente de un sistema de partidos que se ha convertido en una estructura de saqueo organizado y sistemático, y que no ha resuelto en décadas problemas elementales de los colombianos y las colombianas. Yo quiero que la gente me dé su aval como candidata, y no cinco personas de la élite en una negociación de despacho, a espaldas de los ciudadanos.

 

¿Cuál es su postura hoy sobre lo que es Venezuela y su Gobierno?, ¿hay o no hay que intervenir como país hermano?

Mi cabeza y mi energía la tengo puesta en Colombia. Tenemos problemas urgentes que resolver. Día a día recorro el país y siento la esperanza de la gente en que las cosas cambien para bien. La gente está cansada de promesas incumplidas, de mentiras, está cansada de que la elite política que gobierna se enriquezca a costa del trabajo de todos. Lo más importante es que está llegando un nuevo tiempo. El desinterés se torna ilusión, la apatía se torna esperanza en que si nos unimos podemos tener un país mejor para todos.

 

¿Cómo ganarle a la maquinaria de otros candidatos como Germán Vargas Lleras o el que ponga Uribe?

Consiguiendo que los colombianos por primera vez en décadas vayamos a las urnas con ilusión. La maquinaria y los candidatos del establecimiento apelan al miedo, a la apatía, a la resignación. Nosotros apostamos a la ilusión, a la esperanza, al cambio. Estamos recorriendo el país para conformar una propuesta ciudadana, de abajo hacia arriba, que recoja las necesidades de la Colombia real.

 

¿Le suena una alianza con Gustavo Petro?

Mi única alianza es con la gente. Mi coalición es con aquellos y aquellas que quieren un cambio para Colombia. Mi prioridad hoy es la gente, los problemas que no pueden esperar y que requieren del compromiso de todos para encontrar soluciones concretas. Las alianzas se deben construir en torno a propuestas y no por un reparto de cargos y de cuotas de poder, que es lo que se ha venido haciendo hasta ahora. Lo que tenemos claro es una cosa: Colombia tiene que ser gobernada sin pactos por arriba que excluyan a la ciudadanía. Ese es el verdadero cambio.

 

¿Qué le responde a esos que aseguran que su gobierno sería la implementación del ‘Castrochavismo’ en Colombia?

Esa afirmación no tiene sustento alguno. Es un forzado ejercicio de 'futurología' que habla muy mal de quien la pronuncie. Cada realidad nacional es única. La de Colombia también.

No es a partir de estigmatización y la persecución que vamos a cambiar el país.

 

 

Entendemos que uno de los pilares de su política sería defender la implementación de los acuerdos de paz, pero ¿qué otros temas serían su bandera?

 La paz no es un fin en sí mismo. No es el punto de llegada sino el punto de partida para la construcción de una nueva Colombia. La gran mayoría de la gente quiere otro país. Quiere una Colombia en la que las diferencias se diriman de manera pacífica y democrática. Quiere una Colombia que dé respuesta a los gravísimos problemas de empleo, salud, educación o movilidad que padece la gran mayoría de la población. El proceso no estará completo mientras la economía siga generando situaciones como la actual, en la que el 1% de la población, los más ricos, concentran el 20,5% de los ingresos totales del país, cuando casi 9 millones de personas viven en la pobreza.

 

¿Cómo combatir la corrupción en el país?

Mi posición es de tolerancia cero con la corrupción, venga de donde venga. El grado de corrupción en Colombia es un auténtico escándalo. La corrupción corroe a las instituciones democráticas, aleja a la gente de las instituciones y de la política, genera desconfianza y eso es nocivo para la democracia. Se puede acabar con la corrupción y con los corruptos. No hay ninguna ley natural que ordene a los colombianos y colombianas tener que soportar estos niveles de corrupción tan indignantes. Se puede administrar las instituciones con transparencia y eficiencia. Es una cuestión de voluntad política, algo que hasta ahora no se ha tenido.

En mi gobierno crearemos los mecanismos para que sean los propios ciudadanos los que controlen y auditen en todos los niveles territoriales la tarea de cargos electos y funcionarios públicos. Cada funcionario con presupuesto a su cargo deberá rendir cuentas públicamente, en qué gastó, cómo lo gastó y qué resultados obtuvo. Rendición de cuentas, control ciudadano y sanciones efectivas son la garantía para una buena administración de las instituciones.

 

¿Qué piensa de las otras mujeres en contienda?

Celebro que seamos muchas las mujeres en esta carrera electoral. Esto es fruto de una larga y ardua lucha por despatriarcalizar el sistema político colombiano. Aunque aún quedan muchas conquistas por lograr, reitero, me siento muy orgullosa de que las mujeres estemos en la carrera electoral por la presidencia de la República, aun teniendo diferencias políticas entre nosotras.

 

¿Qué hacer con el Eln y si no ceden para dejar de atentar contra los ciudadanos?

Estamos en un momento clave. La generación de confianza entre un lado y otro solo se dará si se cumplen los compromisos suscritos. El desarme es un gran paso en ese sentido. Ahora, es esencial que ambas partes vean que se dan avances concretos, que la palabra dada se cumple. Me parece que esa es una condición indispensable para el futuro de los diálogos con el ELN.

 

¿Cree en la descentralización del país? ¿Cómo enriquecer a las regiones y cómo apoyar a regiones siempre golpeadas por el abandono estatal?

Todas y cada una de las regiones de Colombia tienen un enorme potencial productivo. El problema hasta ahora es que deliberadamente el Estado ha estructurado su política económica sobre la base de las necesidades de economías dominantes en el mercado mundial. La política extractivista, el cuasi retorno a la Colombia colonial exportadora de materias primas y la apertura indiscriminada de las importaciones ha sumido a muchas regiones en el olvido. Nuestra economía debe ser pensada por y para todos los colombianos; el desarrollo regional, el fomento de la industria local, la innovación tecnológica para la producción, la generación de empleos, deben ser pilares de nuestra política económica si no queremos que las desigualdades socioeconómicas y regionales se sigan profundizando.

 

En cuanto a la economía, ¿siente que el modelo que estamos usando en el país es el correcto? ¿O propone algo nuevo?

La economía colombiana viene atravesando en los últimos cinco años una fuerte desaceleración. Existe una dependencia extrema del sector financiero: los activos de la banca pasaron del 23 al 48% del PIB desde el año 1990 al 2016. Y esto está íntimamente relacionado con una política económica de grandes tratados de libre comercio que provocaron un fuerte desmantelamiento del tejido industrial. El peso de la actividad industrial retrocedió del 25 al 11% del PIB entre 1976 y el 2016. Tenemos problemas estructurales graves, como el fuerte déficit comercial, el gran endeudamiento externo y un cada vez mayor déficit fiscal. Dos datos hablan por sí solos: ocho de cada diez dólares gastados en la importación se destinan a la compra de bienes manufacturados, es decir casi no hay producción local, y ocho de cada diez dólares exportados son materias primas sin valor agregado. Estos son los problemas reales que tenemos que solucionar si queremos lograr un país más justo e incluyente.

 

Tras la reaparición de los paramilitares ¿accedería a negociar y a darles los mismos beneficios que a las Farc para alcanzar una paz completa?

No. Por una razón fundamental. Ellos no son actores políticos, son actores armados de la ultraderecha de este país que se abstiene a cumplir los acuerdos de paz, que está dedicada a asesinar a los líderes sociales de este país. Tienen que someterse a la ley. Ya con Justicia y Paz se les dieron unas garantías, pero no debe dárseles tratamiento de actores políticos.

 

¿Qué cosas nuevas le propone a quienes buscan una política aislada de lo tradicional?

En estos últimos meses entendí que la Colombia oficial no satisface las demandas de la Colombia real. Es más, ni siquiera las escucha. Eso es lo que tenemos que cambiar. La política tiene que servir para resolver los problemas de la gente, y nunca más para engrosar los bolsillos de una elite.

Mi aspiración es representar los intereses de esa Colombia real que quiere un cambio, de aquellos que hoy no encuentran respuestas de parte de quienes gobiernan para sus necesidades más inmediatas. La gran mayoría de la gente percibe a la clase política como un grupo minoritario que solo busca favorecer sus propios intereses a cualquier costo. Como una elite corrupta incapaz de conocer y dar respuesta a los problemas reales, solo ocupados en enriquecerse a costa del trabajo del pueblo. Y en gran medida tienen razón.

 

¿Qué opinión le merecen las consultas populares contra la minería y los efectos económicos que traería para esas regiones?

Todo lo que involucre participación y voz de la ciudadanía en temas que los afectan como sociedad me parece necesario y muy sano para construir el país que la gente de a pie quiere para sus hijos. Una verdadera democracia es justamente aquella en la que la ciudadanía está activa, exigiendo a sus representantes que no gobiernen a sus espaldas.

 

¿A qué le suena la alianza Pastrana–Uribe?

A otro capítulo más de la telenovela protagonizada por los actores de la élite de siempre, que tienen intereses y negocios en común mucho más importantes que sus desavenencias circunstanciales.

 

¿Cree que se pueda repetir el exterminio de la Unión Patriótica, pero con el movimiento de las Farc?

Están ofreciendo un millón de dólares por la cabeza de cada comandante. La situación es delicada. Yo diría que muchos de nuestros escoltas están infiltrados, y lo hablo sin ser de las Farc, pero sí parte de un movimiento popular en este país, están infiltrados para obtener información y en cualquier momento asesinar a ese nuevo partido o a quienes estamos muy comprometidos con los acuerdos de paz.

 

¿De ultraizquierda?

No.

 

¿Quién es Piedad Córdoba?

Una mujer colombiana que ama profundamente su país y su gente.

 

 

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