El 'Gavilán' el sádico jefe del Clan del Golfo y su aberración por las niñas

Las pequeñas no pasan de los 12 años y son cazadas en los colegios. Le contamos cómo.

Por Publimetro Colombia

La organización criminal que hoy comparte titulares con el Eln, es el Clan del Golfo. La organización derivada de varias otras que causaron terror en diferentes zonas del país, como la Oficina de Envigado, o el Clan Úsuga, organizaciones criminales a las que las autoridades les siguen los pasos.

Uno de los blancos de las autoridades, hoy, por hoy, es Roberto Vargas, alias 'Gavilán', quien, después de ser parte de una guerrilla como el EPL, se unió a las Autodefensas Unidas de Colombia, en tiempos de Carlos Castaño y que luego, se volvió un duro de las bandas criminales.

El hombre, era el segundo al mando después de alias 'Otoniel',  y quien es hoy, el artífice del Plan Pistola con el que amedrentan a uniformados, y el líder del Clan del Golfo, quien es hoy una de las más sangrientas entidades criminales.

El hombre, es conocido por su sadismo, ha matado a altos cargos en las Bacrim, ha tomado represalias contra los uniformados que han atrapado a sus compañeros, y se le conoce por su voraz apetito sexual que sus cómplices satisfacen con niñas desde los ocho años hasta los 13.

Según las investigaciones, la forma de encontrar a las menores, era por medio de una mujer, que las buscaba en colegios o escuelas y las sobornaba con regalos, con ropa y les indicaba que ganarían mucho dinero si accedían a acostarse con los jefes criminales.

Cuentan que el Gavilán, es un auténtico aberrado y que armaba fiestas con niñas que no pasaban de los 12 años, asustadas, quebradas emocionalmente, que luego de salir de las guaridas de los criminales, nunca volvían a ser las mismas.

Otoniel, uno de los más buscados en el país, aparentemente es un hombre cauteloso que no le gusta "dar visaje", pero según cuentan, quienes les han seguido los pasos, a él y a Gavilán, ha accedido a las fiestas de este último con "regalitos", niñas pequeñas que son sacadas de sus casas, aprovechando el entorno familiar hostil, el número de miembros de las mismas y la situación socioeconómica que viven, que terminaban por ceder tras los regalos o el dinero que las mujeres que las cazan, les ofrecen.

 

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