Taxis y Uber se enfrentan por sus realidades que son muy diferentes

Publimetro le cuenta dos historias de los dos bandos que protagonizan las peleas diarias por el control del transporte público en el país

Por Natalia Martinez

En tiempos de paro de taxistas y aunque la pelea es clara contra Uber, la pregunta real es por qué no se puede convivir y por qué la guerra en contra de la plataforma que se ha vuelto la primera opción de transporte para muchos.

Varias son las razones para que conductores de Uber, como taxistas, sigan en la disputa por el dominio en las ciudades principales del país. Cada uno tiene un tipo de necesidades, de problemas y de obstáculos que hacen que la idea de trabajar manejando, no sea tan sencilla como muchos consideran.

“Uber me sirve como un desvare”

Dario Morán es conductor de Uber. Aunque su profesión esté muy alejada de lo que hace, trabaja con la aplicación desde hace seis meses. Lo invitó un amigo. “Me atrajo y me decidí por la oportunidad de trabajar en los ratos  libres”, asegura.

Tiene 46 años. Es papá de tres mujeres. “Yo soy diseñador. Ese es mi trabajo principal, pero trabajo en ratos extra para poder usar esa plata para diversas cosas. En términos prácticos, Uber me sirve como un desvare”, afirma Morán, que afirma que si estuviera de lleno con la aplicación, podría devengar de dos a tres millones de pesos libres. Casi el doble de lo que gana un recién egresado.

“No me considero ilegal porque presto un servicio que la gente necesita y lo hago con honestidad. En algún momento tendremos que pagar algunos seguros, o algunas polizas para que la aplicación esté en regla, pero considero que no estamos haciéndole daño a nadie”.

Maneja un carro que le costó 20 millones de pesos, “a diferencia de mis amigos, lo pagué de contado, pero si lo tuviera uque pagar con lo que hago en Uber, ya tendría pagos 15 millones de pesos”.

Trabaja cerca de 60 horas semanales. “Nunca he tenido problemas con un taxista o con la Policía, pero siempre se siente zozobra de que algo me pueda pasar”, cuenta.

“Nos toca pagar un cupo millonario y no vemos la ganancia”

Freddy Julian Olmos es taxista desde hace seis años. Tiene 37 años y hace dos años, compró su propio taxi. Va a cumplir un año con un carro que compró con su esposa. “Cuando me entregaron mi carrito lloré. Invité a mi esposa a comer pollo y nos dimos la primera vuelta en el barrio La Alquería”.

Olmos trabajaba con una señora pensionada que tenía dos carros: “le pagaba diarios 100.000 y tenía que hacerme lo de la gasolina, y lo del diario. No me servía si me hacía menos de 80.000 porque estaba ahorrando para lo mío”.

El carro, con cupo y todo, le costó 124 millones de pesos. “Es mío. Me gusta porque no tengo que darle cuentas a nadie, solo al banco. Pero la verdad es que a los taxistas nos toca pagar un cupo millonario y no vemos la ganancia. Menos desde que llegó ese Uber”.

“Ellos compran su carro y saben que es de ellos. Tienen circulación libre. Compran carros de 12 millones y se pueden hacer hasta cuatro millones mensuales, ¿digame que eso no es ser ilegal?”.

Olmos tiene una esposa de 26 años. Ella le ayudó a comprar el carro, pero le ha dicho que lo venda y que se una a Uber. “No, uno no puede traicionar así. Esa gente se gana la plata fácil y eso no es correcto”.

Trabaja 18 horas diarias y se hace 220.000 diarios. “De ahí se saca lo de la gasolina, lo del desayuno y almuerzo, lo del diario y la cuota del carro. Es una misería”.

“Yo le propongo a los Uber que sean legales. Que trabajen como uno, o que les pongan un cupo para trabajar. Y nosotros a prestar un buen servicio para que la gente no se deje llevar de ellos. No son las mismas condiciones”.

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