El Niño: oscilación natural empeorada por el calentamiento global

Aunque las oscilaciones en el ciclo de lluvias sobre toda América son normales, expertos analizan cómo el grave Fenómeno del Niño de los últimos meses ha sido potenciado por el hombre.

Por Juan Manuel Reyes - Publimetro
¿Cómo nos ha afectado el Niño?

La mayoría de colombianos ha sufrido las sequías relacionadas con el Fenómeno del Niño, así como los racionamientos de agua y las altas temperaturas. Estas mismas problemáticas se sufren en Venezuela y el norte de Brasil.

En cambio, regiones como el norte de Argentina y Paraguay han sufrido de lluvias intensas e inundaciones. Lo mismo ocurre en las costas de California (Estados Unidos), donde las lluvias y nevadas han puesto fin a una sequía de cinco años catalogada como la más intensa de la historia.

Las altas temperaturas también provocaron la temporada de ciclones más intensa en el Pacífico, afectando las islas de Oceanía y países como Indonesia, Filipinas y Malasia.

Detrás del Fenómeno del Niño se encuentra uno de los sistemas más complejos de regulación del clima en el mundo. Las sequías que agobian a Colombia en su extensión son solo una parte pequeña de los problemas en el clima que se presentan a nivel mundial.

Según el exdirector del Ideam, Ricardo Lozano, la causa de la oscilación climática conocida como Fenómeno del Niño es el debilitamiento de los vientos que soplan sobre el Océano Pacífico entre América y Oceanía.

“Esos vientos se debilitan y hacen que las aguas cálidas superficiales del Océano se vengan hacia América. Esa agua cálida tiene unos cambios que se reflejan en las lluvias en América: para Colombia esos cambios se manifiestan en la reducción de lluvias en la región Andina y Caribe, y en la Amazonía, Ecuador y Perú se registran lluvias más fuertes”, asegura el experto.

Esta oscilación se registra en promedio cada cinco años, según la Administración Oceánica y Atmosférica Nacional de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés). El mismo mecanismo produce el fenómeno de La Niña: cuando se fortalece el viento en el Océano Pacífico, llega más agua fría a las costas pacíficas y las lluvias aumentan en Colombia.

Estas oscilaciones son naturales en el clima mundial. “La Tierra siempre busca un balance, es un ser vivo y cambiante. Es normal que en algún momento las lluvias cambien o lleguen más temprano o más tarde”, dice Lozano. La fase climática podría durar hasta mediados de 2016, según las predicciones de la NOAA.

El Niño llega con sus problemas

Los problemas del Fenómeno del Niño no son solo derivados de la falta de lluvias. El calentamiento de las aguas en el Océano Pacífico tiene efectos económicos, en la salud y hasta en la pesca de múltiples países en América, Asia y Oceanía.

Las oscilaciones climáticas llevan lluvias intensas en la costas pacífica desde el norte de Chile hasta Ecuador, Bolivia, Argentina, norte de México y occidente de Estados Unidos; además, generan sequías en todo el norte de Suramérica y temperaturas más altas en las costas atlánticas y Centroamérica.

Además, expertos a nivel mundial han analizado cómo las altas temperaturas se relacionan con enfermedades. Epidemias como la malaria, el dengue y el zika, transmitidas por mosquitos, se presentan con más frecuencia en años de El Niño, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).

El Niño y el cambio climático

Lozano advierte que las oscilaciones climáticas como el Fenómeno del Niño se han vuelto cada vez más intensas e impredecibles, debido al calentamiento global y la contaminación en el clima.

“Cuando emitimos más gases en la industria, transporte, ganadería, generación de energía, modificamos la atmósfera y las modificaciones climáticas, que antes se podían monitorear con mayor facilidad, ahora sea más difícil y se vea modificada”, asegura.

Silvia Gómez, vocera de Greenpeace en Colombia, afirma que la situación muestra que el análisis de la oscilación no puede limitarse al clima o al ahorro de agua. “El Fenómeno del Niño tiene que ver con hábitos, con temas económicos, sociales y culturales que deben ser abordados de forma transversal”.

La solución para Gómez debe darse más allá de una discusión sobre temperaturas o ahorro de agua. “No podemos esperar que los ecosistemas, que están seriamente presionados por el desarrollo y las costumbres, mantengan una capacidad de resiliencia y absorban todos estos recursos. Hay que comprometernos con la protección de estos ecosistemas que absorben el CO2 y permiten el equilibro del clima”, afirma.

PUB/JMR

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