“Quisiera ser hijo mío”: Jean Claude Bessudo

PUBLIMETRO inicia una cruzada periodística: mensualmente pone a su CEO a entrevistar a grandes empresarios locales para compartir sus carreras de éxito y sus visiones del mundo. Conozca la intimad de la conversación de dos ‘grandes’

Por Lina Molina

¿Cómo un matemático francés llega a ser el presidente de Aviatur?

No, matemático no soy, hice estudios pero nunca me gradué.

¿Cómo fue ese proceso entonces?

Pues cuando me casé me tocó trabajar, llegué a Colombia. Mi tío, quien fundó esta empresa, acababa de morir y su esposa me invitó a trabajar aquí y aquí me quedé.

¿19 años?

Sí, estaba bastante joven.

¿Qué lo enamoró de Colombia?, ¿por qué decidió quedarse aquí?

Yo llegué aquí a los 12 años y me divertí mucho en el colegio. Mi diploma del Liceo Francés está aquí. Me quedé con esa imagen de niño.

Con un análisis de todo lo que ha hecho, ¿cómo se convirtió en este gran líder?

No comparto mucho la palabra ‘liderazgo’. De hecho, no me considero un ‘gran líder’; yo creo que se trata de tener herramientas para solucionar problemas. Encontrar las soluciones a mediano, corto y largo plazo.

¿Tiene un equipo cuántas personas?

Somos en este momento cerca de 4000 personas.

¿Ha formado a empleados a lo largo de la vida?

Muchísimos. Uno de los factores de motivación en la empresa es que la gente puede hacer carrera.

¿Cree en la gente joven?

Todos fuimos jóvenes en algún momento. Creo en la gente de cualquier edad, pero me maravillan los jóvenes que tienen todo el futuro por delante e ilusiones vírgenes.

¿Podría decirse que usted tiene un espíritu emprendedor?

Tampoco comparto la palabra ‘emprendedor’. Yo creo que el ‘emprenderismo’ es a la vida empresarial lo que la fe a la religión, se tiene o no se tiene. Uno debe manejar y tener la experiencia para guiar a la compañía. Pero creo que la idea no es ser emprendedor sino ser feliz y uno puede ser feliz siendo monja en un convento si es tu decisión. Ahí no hay mucho de ‘emprenderismo’ que digamos…

Si nos fuéramos al pasado y dijéramos cómo es el Jean Claude de hace 40 años y cómo es el de hoy, ¿qué diríamos?

Yo diría que igual (risas).

¿Sigue siendo el mismo niño de siempre?

Sí, llevo ese niño todavía. Por fortuna.
 
¿Cómo es un día suyo?

Anoche me acosté tarde, había como cuatro o cinco eventos en los cuales estuve, dos comidas… Estuve levantado hoy a las cinco de la mañana. Así son mis días.

¿Duerme poco?

Digamos que lo necesario.

¿Y en el día qué hace?

Trato de estar presente en la oficina el mayor tiempo posible.

¿Coca-Cola o tinto?

Coca-Cola Light, lastimosamente (risas).

¿Cómo se llama la persona que le trae sus bebidas a diario?

Se llama Darío. Es el mesero de este piso.

¿Cuál cree que es el lugar que le falta por conocer?

Me gustaría conocer una región que queda entre Indonesia y Papúa Nueva Guinea, ese es mi próximo viaje. Y algunas montañas de colores en la República Popular de China.

¿Cuál es el lugar del mundo que recomendaría?

Una isla que hay en el Pacífico Sur, donde no hay ni turismo ni turistas.

¿Cómo llegó allá?

En un barco de rehabilitación de presos y drogadictos, lavando baños y eso. Se llama la isla Liverton, cerca de Cartagena, perpendicular a México. Es la isla del libro La pasión, de Laura Restrepo, y es la pasión porque la descubrieron un viernes santo en 1711.

¿Tiene buena memoria?

Algo, para ciertas cosas (risas).

Supe que le encanta Mompox, ¿por qué?

Es una ciudad olvidada en el tiempo, muy auténtica y bella, bastante bien conservada, con gente muy acogedora, muy sola… Es un sitio muy estético, un brazo del Magdalena. El río hizo que la ciudad quedara dormida en el tiempo.

¿La podría comparar con alguna ciudad francesa?

Tal vez una que se llama Richelieu, en el centro, muy estética y pulida.

¿Trajo algún recuerdo?

(Risas) Sí, algún recuerdo perdido…

Hay cosas en la vida que uno va haciendo y va dejando legados, ¿qué legado deja? ¿Una frase con la que lo recuerde la gente?

Un buen tipo.

¿Qué le falta por hacer?

Comprar o conseguir un tiquete de ida, a cualquier parte, pero con fecha de regreso abierta.

¿No lo ha comprado nunca?

Siempre con fecha de regreso, siempre tengo compromisos a la vista y me gustaría tener esa libertad, desde los 16 o 17 años la perdí. Siento que me hace falta eso, ser dueño de mi propio tiempo, me gana más el compromiso de corto, mediano y largo plazo. Eso me hace falta.

¿Y alguna actividad loca o extraordinaria, como tirarse un paracaídas?

He hecho de todo.

¿Calor o frío?

No soy masoquista, soy de playa y no voy a aguantar frío ¡ni de fundas!

¿Qué tan familiar es?

Me gusta compartir con la familia.

¿Consentidor con los nietos?

No, no consentidor, pero sí alcahueta (risas).

Preguntas sueltas. ¿A quién le debe plata?

¿A quién le debo plata? ¡No, a nadie! Soy muy juicioso, a todo el mundo le pago. Y las chequeras me las manejan ellos (sus empleados), pago siempre a tiempo.

¿Un trancón memorable en Bogotá?

Uy, los trancones aquí son tenaces. Yo recuerdo que había un almuerzo en Palacio, con el presidente Santos, creo que también con el de Costa Rica y había un trancón monumental en la Circunvalación, tuve que caminar un rato y me encontré un policía, le expliqué mi afán y llegué en la moto del policía. ¡Él me llevó! (risas).

¿Y el peor vuelo?

No, ninguno.

¿Le asustan los aviones?

Dos o tres veces me ha pasado, se mete un buitre en la turbina… Una vez saliendo de Lisboa el avión se quedó sin gasolina y tocó regresar, todo el mundo estaba muy asustado pero yo estaba tranquilo. Iba con mis hijos, pero nos calmamos con la música.

Otra vez, yo era el único pasajero en un vuelo de Tahití a Lima, un primero de enero y, despegando, con el ala rozamos el pasto de la isla, minutos más tarde se metió otro buitre en la turbina.

¿En qué viaja, business o coach?

Como diría nuestro vicepresidente: ‘Yo prefiero viajar cómodamente’, claro que el usó otra palabra (risas).

¿Sigue la prensa en las mañanas?

Un poquito, a veces me entra la nostalgia y me meto a internet para saber qué pasa en mi país.

¿Qué detesta de los medios de comunicación?

Que no son objetivos, a veces falta profundizar los temas. En particular los periodistas de opinión cometen el error de no escuchar ambas partes antes de escribir, les falta mucho pasar por hipótesis, tesis, antítesis, síntesis y formar su propia conclusión. Los percibo muy apresurados, opinando sobre gente que no conocen, con quienes no han hablado y las opiniones son sesgadas y sin fondo.

¿Algún cómic de niño?

El Pato Donald y Mickey. Los de Walt Disney. Me gustaba mucho Rico McPato, su tacañería me parecía divertida.

¿Y hoy en día les lee cuentos a sus nietos?

No, no soy buen abuelo. No les leo, no tengo mucha paciencia, eso lo hacen los papás. Creo que soy un mejor papá que abuelo. Una vez me preguntaron que qué quisiera ser yo y contesté: ‘hijo mío’.

¿Alguna vez ha pensado en ‘tirar la toalla’?

Voy a menudo a playas y recargo energías. Cuando quiero soñar con playas no es sino que mire el celular.

¿Cuántos celulares tiene?

Dos, con uno contesto y con el otro consulto temas para poder contestar lo que me preguntan en las llamadas.

¿Qué palabra colombiana le gusta?

Una que es francesa en el origen: ‘chévere’, era insigne de Carlos V, el príncipe que ayudó a obtener los votos de los electores del Sacro Imperio Romano, a quien eligieron como emperador. Regaló un condado y atendió a los sufragantes tan bien que decían que se pasaba chévere.

Hablemos de comida colombiana. ¿cuál es la que más le gusta?

La del Pacífico, me encanta. Me gusta mucho también la ternera a la llanera y las arepas de huevo, que se notan… (risas).

Y en postres, ¿créme brûlée o cuajada con melao?

Mmmmm… Me quedo con los mangos, los nísperos, las frutas colombianas en general.

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