600 pesebres, el tesoro de la abuela

Tradición. Una mujer que vive en el sector de Suba tiene por afición coleccionar centenares de estas figuras, que se han convertido en su pasión de fin de año

Por Publimetro Colombia

Lucía Pinilla de Góngora, de 71 años, es una abuela típica colombiana, cocina delicioso, consiente a sus nietos y además ama la Navidad. Lo increíble de esta mujer es que lleva casi dos décadas coleccionando pesebres, y aunque eso no parece mucho tiempo, la cantidad de figuritas que anualmente decoran su casa asciende a más de 600.

Con 50 años de matrimonio recién cumplidos, Lucía y su esposo, Silvestre Góngora, dedican gran parte de noviembre a armar estantes, descolgar cuadros, correr muebles y limpiar rincones para abrir espacio a esta curiosa colección navideña. 

Lucía es modesta y no cuenta los pesebres repetidos que tiene, de ser así, su colección se incrementaría en más de 100, pero ella solo expone, en una ardua reacomodación de hogar, los 550 pesebres que considera “bonitos, especiales o extraños”.

Sin embargo, también admite que hay ejemplares de estética dudosa y que entre sus pesebres no hay discriminación alguna: Lucía menciona el pesebre más feo que tiene, dice que su hija se lo envió desde Turquía y que está hecho con barro de la calle. Siempre lo expone.

La lista de materiales que componen los pesebres es infinita: metal, piedra, plástico, madera, hasta carpetas en punto y cruz, vidrio e imanes componen los protagonistas que asistieron al nacimiento del Niño Jesús. Incluso materiales reciclados hacen parte de un modelo elaborado por niños de Ciudad Bolívar, y en la alacena alberga una pieza hecha de chocolate.

La entrada de la casa, sala, comedor, cocina, chimenea y hasta el baño exhiben pequeños establos navideños. En algunos casos, como el de los pesebres de origen asiático o celta, hacen presencia pesebres de culturas que no celebran la Navidad.

Muchas de estas figuras traen iluminación propia y música, pero a las que no, este matrimonio de oro, junto con la ayuda de nietos e hijos, les dan un valor agregado: metros y metros de luces.

“La familia siempre me ha contribuido con pesebres, de cumpleaños, por viajes, tengo una hija que vive en el exterior y me manda pesebres”, cuenta la abuela. “Llevo 16 años coleccionando pesebres y todo empezó por mi nieta, que a los cinco años me regaló el primero”.

Laura Manuela Maestre, de 21 años y nieta de Lucía, es la persona que más ayuda a la parafernalia navideña. “Desde que tengo memoria he ayudado a mi abuela, si no es a acomodar todo, la ayudo a empacar”, dice. “Cuando es la novena en esta casa, mi abuelita los prende todos y si alguien aplaude o hace un ruido se activan”.    

¿No implica esto el uso de una enorme cantidad de pilas? Lucía revela su receta: pilas doble A y de reloj por docenas. 

Días atrás, Lucía estuvo muy enferma y permaneció internada cuatro días en la clínica Shaio por una alteración del ritmo cardiaco. Aun así, su mayor preocupación era la colocación de los pesebres, incluso cuando ella tenía los brazos lastimados. Silvestre, de 85 años, no la puede ayudar como antes debido a su avanzada edad, pero la fantástica labor de decorar la casa de Navidad sigue siendo una cuestión de familia.

Lukas Tenjo / Publimetro

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