Ropa colombiana que sí es cuento chino

Por Luz Lancheros

Usted está feliz. Acaba de comprar un saco Ralph Lauren y una camisa de Arturo Calle.  Las dos, a su modo, marcas de cierto nivel, gusto y representatividad. Revisa las marquillas. Sorpresa: estas prendas están hechas en China. El prestigio de la compañía de Ralph, que encarna la confección americana de calidad, y una cierta “exclusividad”, parecerían irse al traste, si se habla del lujo en términos de confección. Pero no se asuste, en la industria de la moda ésta es una práctica común. Y eso es a nivel mundial.

Desde marcas de alta gama tradicionales como Hugo Boss y Armani, pasando por las de ‘pronta moda’ como Zara,  hasta marcas colombianas como Totto y GEF, producen sus prendas y accesorios en China, Bangladesh y otros países donde la mano de obra es más barata, y donde los costos son más accesibles.

En Colombia pasa lo mismo. “No lo producimos todo. Hay que mirar hacia afuera para traer algunos materiales; aun así, en Colombia se producen textiles de buena calidad, tanto tejidos planos como tejidos de punto, y ni hablar de la confección… la ropa interior y los vestidos de baño son de clase mundial”, dice Ángela Diez, creadora del blog  De la moda y otros Demonios, y quien conoce los pormenores de industria. “Pero producir en Colombia es caro. Vean el costo del transporte y las operaciones logísticas, el estado de las vías.  Todo se encarece y deja de ser competitivo, obligando a los grandes confeccionistas a mirar hacia afuera y buscar opciones más baratas. No es una justificación, es una realidad de libre comercio”.

De China con amor

China tiene tecnología y un amplio mercado para el productor de confecciones. ELA, importante marca de moda femenina a nivel nacional (y hermana de Studio F), le apuesta grandemente a la industria nacional en cuanto a la confección de las prendas, pero también mira hacia China en cuanto a la hechura de productos específicos: “Acá se desarrollan accesorios y zapatos, pero allá los precios son mucho menores. Hay algunos zapatos que sí hacemos acá, pero la horma del chino es más moderna, y acá no se usa mucho. Hay algunos colombianos que si tienen esta horma y son mejores en calidad que ellos, pero somos una marca de pronta moda, y por eso tenemos una necesidad específica, al igual que nuestra clienta: La de satisfacer un deseo de consumo rápido”, dice Catalina Moncada, brand mánager de la marca.

Si se habla de moda masiva, es decir, la que usted puede comprar en cualquier tienda ajustada al presupuesto, y donde la rotabilidad de tendencias es habitual, hay que hablar de ‘pronta moda’, un concepto que si bien no es nuevo en el mundo, en Colombia ha pisado fuerte en los últimos años, y sobre todo de la mano de las grandes marcas especializadas en ella. Forever 21 y Zara son dos de ellas. Y esto se puede ver en las cifras.

Importaciones vs.exportaciones

Según el último informe económico del Observatorio Económico Nacional de Inexmoda, entre enero y marzo de este año, las exportaciones de confecciones disminuyeron un  -10,6%, sumando US$149 millones. En cambio, las importaciones de confecciones en el mismo periodo de tiempo aumentaron 20,9% llegando a US$221millones.

Por otro lado, y más allá de los números, hay que ver el ‘boom’ de los artículos chinos que no engloban las grandes firmas, y que muchas veces son de contrabando: “El problema no son las importaciones en sí. En el contrabando ya estamos hablando de competencia desleal, de precios imposibles de igualar, y ahí entran a jugar muchas variables socio políticas: los mecanismos de control, la corrupción (en especial en los puertos), la capacidad adquisitiva del colombiano promedio, en fin. Son cosas que se salen de nuestras manos y solo el gobierno podría intentar corregir (y política de Estado, no es solo poner un arancel)”, afirma Ángela Diez.

¿Importa la hechura, importa la marca, o importa el bolsillo? Eso solo lo puede decidir el consumidor. Lo que sí es claro, es que el concepto de lujo o de marca  y su democratización implican costos y condiciones que por economía, contexto, historia y políticas estatales se adaptan a un mercado cada vez más competitivo y a un usuario que si bien tiene conciencia del costo humano y ético que implica, no va a dejar de adquirir una prenda que se ajuste a su presupuesto.

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