Los telegramas se niegan a ser objetos de museo

Por Diego Hernán Pérez S.

“Perdí vuelo vuelta. Situación harto extrema. Mandar pasaje o equivalente en dinero. Saludos todos”.
Hace unas décadas el servicio de envío de telegramas era la comunicación directa e ‘inmediata’ entre las personas. Felicitar a una pareja de recién casados, enviar un obituario o recibir alguna notificación bancaria era, en ese entonces, lo que hoy más o menos significa un tuit o un mensaje en el muro del Facebook.

En la actualidad, este recurso de correo es casi una historia del pasado, pues los avances tecnológicos como internet y sus herramientas de correos electrónicos, redes sociales y teléfonos inteligentes, entre otros, relegaron su uso. No obstante, el telegrama aún se conserva y se niega a ser una pieza de colección.

A diario, más de 7500 telegramas se envían a través de Servicios Postales Nacionales. En 2012 la cifra llegó a 2.800.000. La comparación con otros documentos resulta necesaria: “En ese mismo periodo se enviaron cerca de 34 millones de documentos, incluidas cartas, con un promedio diario de 95.000 piezas”, dijo a PUBLIMETRO Yurani Flórez, de la oficina de comunicaciones de 4-72.

Para que usted se haga a una idea, en el mundo cada día se envían más de 188.000 millones de correos electrónicos (fuente pymexpo.org). Y en el país, el 84,1% de los colombianos usa el correo electrónico, según informó el Ministerio TIC.

Enviar un telegrama

Cualquier persona natural, empresa pública o privada puede acceder a este servicio a través de Servicios Postales Nacionales 4-72. “El telegrama es utilizado, en su mayoría, en entidades como la Fiscalía y el Consejo Superior de la Judicatura. El 56,6% de esta correspondencia se origina en Bogotá y el porcentaje restante se distribuye entre Barranquilla (9,8%), Cali (10%), Medellín (7%), municipios cercanos a la capital (6,6%), ciudades del Eje Cafetero (4,1%) Bucaramanga (2,9%) e Ibagué (2.7%)”, explicó Flórez.

Anteriormente, el mensaje contenido en un telegrama era muy corto, porque se cobraba por palabras. Los artículos en el texto no se usaban y los mensajes quedaban como si la comunicación la hubiese enviado un robot. Hoy puede escribir su mensaje en máximo una hoja tamaño carta, en fuente tipográfica Courier 10 y pagar 6100 pesos por el envío de este a cualquier zona del país.

 

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